Primer día de trabajo.
1995.
Eran otros tiempos, los recuerdan entre brumas, tiempos de sorpresa, de asombro aun, de oscuras revelaciones de un mundo siniestro mas allá del quehacer diario.
Fue cuando recién empezaban a comprender la terrible realidad que habían ignorado toda su vida.
Tres eran en esos tiempos, tres habían sido desde el primer día, el primer encuentro con Sullivan Dane, la revelación de la verdad.
El nombre de lo odiado.
El enemigo.
Vampiros.
“Todos han sido reunidos aquí debido a sus experiencias, sus historias y preguntas, yo puedo darles la respuesta que buscan”.
Morgan Strauss de riguroso negro miraba al vacío aun con la visión ausente del que lo ha perdido todo, incluso las ganas de vivir. De contextura media y aceptablemente agraciado tenia el rostro duro del que recorre la vida con demasiado sufrimiento a cuestas. Ni siquiera recordaba bien la forma como había llegado a reunirse con estas personas. El viejo, el tal Dane había sido la primera persona en llegar al callejón donde Verónica y su hija yacían frías entre sus brazos, su primer impulso había sido saltar sobre él, pero el rostro del anciano y por sobre todo la maciza cruz de plata entre sus manos le habían detenido.
Ulises Poirot el hombre sentado a su derecha recorría el bar con ojos cansados y atentos a la vez, alto como un roble y de físico de imponente contraste a su académica forma de vestir, los años comenzaban recién a pesar sobre sus anchos hombros que llevaban también el peso de una historia que no era demasiado disímil de la de su compañero, su esposa había desaparecido hacia meses en una excavación en Egipto, con desesperación había tomado el primer avión solo para cumplir con el ingrato tramite de reconocer un cadáver carente de sangre envejecido mas allá del calor del desierto, no había ni una pequeña pista y con un derrotista sentimiento de rabia había vuelto con su cuerpo para bajar la vista avergonzado en su funeral ante sus suegros que ya no serian abuelos. El viejo religioso de la cruz de plata se le había acercado cuando ya solo quedaba el sollozando ante la lapida y había aprovechado cada duda de su mente para llevarlo a aceptar la verdad que por increíble que pareciese se le insinuaba.
Kurt Hassel, ario hasta los huesos, alto y atlético de desordenada cabellera rubia e inquisitivos ojos azules, en cambio tenia razones mas perturbadoras aun, sentado a la izquierda mantenía una expresión de constante interés, aquello le divertía, enclaustrado en una vida de comodidades no había podido encontrar el propósito para hacer algo mas útil o entretenido que vivir de las rentas de la apreciable fortuna oscura de un abuelo que hábilmente había borrado las pistas que pudieran involucrarlo con un pasado nazi que lejos de remorderle le daba orgullo, el viejo policía de la GESTAPO había desaparecido después de la guerra y se había labrado una posición acomodada cimentada en hurtos de los que ya no quedaba nadie vivo para recordar, Kurt había sido uno de los frutos de esa posición, había crecido sin necesidades, sin esfuerzos, escuchando historias de orgullosas tradiciones que debía callar ante aquellos que podían llegar a considerarlas crímenes, había aprendido a considerarlas así también, mas que por las implicancias morales que conllevan el genocidio y otros delitos, por las consecuencias que tenían en haberle creado una vida y una psiquis aparentemente sin sentido ni destino, era un guerrero, un soldado hijo de soldados, nieto de soldados y sin embargo un combatiente sin propósito ni enemigos, era en cierto modo el legado de los nazis en su familia prusiana, la falta de un honor que intuitivamente añoraba.
Sullivan le había dado esos enemigos y eso era lo único que le importaba.
Tres hombres disímiles juntos tras un Némesis común, entrenados para funcionar fusionando sus características, sus mentes, la analítica de Ulises, la táctica de Morgan y la practica de Kurt, al menos dentro de lo que un fanático sociopata podría haberlos preparado.
Poirot un pensador, arqueólogo de profesión, historiador por labor, versado en idiomas y culturas, un sabio a la vieja usanza y un cruzado de hecho, de enfrentamientos directos y honorables cargas.
Strauss un creador, medico pero también ingeniero autodidacta, un hombre capaz de desglosar la realidad a sus elementos mas básicos y así manipularlos y comprenderlos, un arquitecto de ideas, un dador de vida a seres y maquinas, y también eficiente en quitar esas vidas, un operador de las sombras, astuto y exacto.
Hassel un ejecutor, un soldado sin dudas o remordimientos, una mano certera y sin emociones, un seguidor estricto y disciplinado, una maquina que solo necesitaba objetivos para crear sus propios caminos.
No había líderes directos y sin embargo cada cual ejercía su liderazgo cuando la situación lo ameritaba. Sullivan estaba conforme, carecían a pesar de sus esfuerzos de la fe que tanto era necesaria para el, al menos en el esquivo ser superior, pero en compensación sus pensamientos de un carácter mucho mas terrenal eran quizás mas sólidos que cualquier creencia.
Ese solo había sido el comienzo del viaje.
El odio dándoles fuerzas, escondiendo, luchando contra la cordura de huir ante el peligro descubierto, de dar la espalda a los monstruos.
Los culpables.
Pero la cordura había perdido, se habían lanzado de cabeza a la venganza.
“Han sido entrenados para ello, ahora deben demostrar que están listos”.
La primera matanza debía ser simple, entre comillas. Una toreador, débil, corrupta, hedonista, ¿De generación baja quizás?. Una niña en términos vampiricos, aun contaminada de emociones humanas, aun llena del narcisismo que sus mayores ya habrían transformado en megalomaniaca psicopatía pura.
En esos tiempos había sido un reto, todo un reto para tres cazadores novatos, tres simples humanos.
Sullivan los miraba detenidamente a medida que les iba informando exhaustivamente de cada partícula de información que poseía sobre el blanco que había elegido como examen final para sus nuevos pupilos, mientras hablaba tomaba nota mental de cada gesto que denotara las emociones o falta de ellas que se manifestaban en ellos. Y lo que veía le gustaba.
Ulises contrastaba cada palabra con los viejos libros almacenados en su mente, Morgan analizaba cada arista y cada debilidad, y Kurt… Kurt escuchaba y esperaba una orden.
Morgan Strauss, Ulises Poirot, Kurt Hassel. Desconocidos, unidos por el odio hacia algo que aun no podían comprender. Sin recursos, sin experiencia, pero espantosamente deseosos de probarse a si mismos.
“Busquen ha Garrido, él tiene las respuestas”.
Luego de dos largas horas escuchando y hablando a murmullos en “Hellraiser`s”, habían tomado la vieja blazer de Kurt enfilando a la pista que se les presentaba mas sólida.
Era una fría noche de otoño, una persistente brisa marina impulsaba el incansable oleaje contra los roquerios, cruzaron la ciudad en silencio, con solo el ronroneo del motor v8 omnipresente hasta detenerse ante el oscuro conjunto de edificios bajos sobre el acantilado.
No es que el manicomio fuera especialmente imponente, demasiado alejado de la noción mas pintoresca de lo que seria el mítico Arkham con sus gruesos muros y torres, “San Salvador” era una institución mas acorde a la realidad, una serie de edificios de no mas de dos pisos unidos por laberínticos patios y rodeados por una serie de rejas y muros desvencijados, si hay algo que escapa de la lista de prioridades de cualquier país en desarrollo es ciertamente aquellos que mentalmente son ajenos a su sociedad, habían fallas y errores de seguridad por doquier, descuido en las instalaciones, falta de presupuesto gritando en cada esquina. Pero era un manicomio y aunque estuviera hipotéticamente impoluto y pintado de brillante rosa, seguiría siéndolo y eso mas que cualquier cosa parecía manchar sus paredes como una pasta gruesa y oscura inconcientemente desagradable, eminentemente inquietante, la locura era un velo que lo cubría todo, era palpable, visible y escuchable.
Kurt detuvo el todo terreno a media cuadra de la entrada principal, junto a la endeble reja una caseta mal construida albergaba a un incomodo guardia sorbiendo temblorosamente el casi consumido cigarro que minutos antes le diera el policía ligeramente obeso que conversaba con el.
- Un paco – Dice Kurt- Si tengo razón debe haber al menos otro en la sala de guardias en el pabellón principal, en este turno deben haber no mas de media docena de guardias auxiliares, sin instrucción a lo mas con servicio militar, no tienen armas de fuego pero pueden ser de problemas, la dimensión del personal profesional no se -.
- No quisiera ni saber como sabes eso – Mascullo Morgan – No debe haber mas de una o dos enfermeras a cargo, uno que otro auxiliar, médicos a esta hora es imposible, nadie trabaja por lo que paga el ministerio mas de las dos horas necesarias en la mañana como para no parecer un desgraciado sin ética -.
- ¿Están pensando en entrar por la fuerza? -.
- Bueno, no es mucha resistencia…-
- No – Morgan saca una carpeta y una bata de su maletín – Aunque no es común venir a estas horas, tampoco tienen porque sospechar nada, diré que es un favor a un amigo para una audiencia judicial mañana temprano, deberíamos poder pasar -.
Hace demasiado frío para sospechas, muy poca paga para suspicacias, y una bata blanca en ciertos lugares suele ser suficiente tarjeta de presentación, Morgan entra al complejo sin problemas, junto a el, Ulises es un abogado y Kurt el suboficial de gendarmería, típicos aunque sea a deshoras, si ellos quieren trabajar horas extras no será el guardia el que se moleste en discutírselos.
Dentro del primer pabellón una regordeta enfermera se arrima hasta casi la negligencia a una oxidada estufa de parafina, no hace preguntas, se remite a apuntar a un armario de fichas y señalarle una dirección, Morgan se toma unos minutos para revisar la carpeta.
Alfonso Garrido, 37 años, esquizofrenia paranoica avanzada. Recluido desde el 92, dos intentos de fuga, uno exitoso, desapareció 3 días y volvió.
Por si solo.
Tampoco era muy posible que lo hubieran buscado mucho.
Atraviesan un patio mal iluminado hacia el macizo edificio de dos pisos, pabellón central, sección de recluidos judiciales y dementes peligrosos o todas las anteriores.
La celda acolchonada, la camisa blanca con sus correas.
En la boca de la locura, como diría Carpenter.
Garrido, un tipo bajo y desgreñado, les sonríe desde su rincón, en sus ojos la insania baila imperturbable. El cabello desordenado, los ojos huidizos, una prominente nariz aguileña dominando el rostro anguloso.
- Extrañas horas para una evaluación – Dice arrastrando las silabas.
- No estamos acá para eso, buscamos información mas allá de tus locuras -.
- Sabemos que tú tienes información sobre Evelyn Steffens -.
- Ah, hermosa ella es – Se demora una fracción de segundo, el tono parece forzado, Morgan casi puede ver las frenéticas sinapsis recorriendo los lóbulos de su cerebro, recuerdos emergiendo potentes desde insondables abismos.
- Eso no nos interesa – Ulises comienza a perder la paciencia - ¿Quien es, donde está?-.
- Loco soy… pero, no estúpido – Entorna los ojos, se revuelve en su rincón – Ella podría matarme si dijera algo, si supiera que aun vivo. ¿Por qué creen que vine aquí en primer lugar? -.
- Pagaremos por la información -.
- ¿Qué hay que pudieran darme? – La incomodidad crece en su postura, no es solo el dolor sordo de la camisa ajustada, es algo mas profundo – No hay beneficio en jugar con ellos, son fuerzas que preferirían desconocer -.
- Les conocemos y no les tememos -.
- Deberían -.
- Para terminar como tu, tembloroso en tu rincón, rumiando fantasías de revancha, de poder -.
- ¿Que puedes saber tu sobre lo que pienso? – Garrido comienza a desesperarse, sus manos se retuercen bajo la camisa, una gota de sudor asoma en su frente – Lo que temo -.
Morgan ahoga una sonrisa, lo tiene, ha mordido el anzuelo, los neurotransmisores comienzan a fluir desde la pituitaria, la adrenalina abandona las suprarrenales, el estado de vigilia de Garrido mejora visiblemente a medida que sus músculos se contraen en impotencia.
- Veo tu temor, tu odio, puedo ver como en tu mente vuelves a sentir su aroma, a sentir sus ojos sondeándote la mente, haciendo latir tu corazón, los medicamentos no pueden suprimir eso por completo no? -.
- He vivido como animal demasiado tiempo -.
- Escondido en tu guarida – Ulises ha entendido la manipulación de Morgan, usa su tono mas neutro y paternal para unirse a la conversación - Temblando ante el temor de verlos aparecer en la ventana -.
- Jajaja, he desaparecido, muerto, no pueden encontrarme -.
- Nosotros te encontramos -.
- Ellos también están muertos y sabes perfectamente que eso no los detiene en nada -.
- Te encontraran, vendrán por ti -.
- Volverán a jugar contigo, te romperán de nuevo -.
- Como el zorro saca al conejo de su guarida, te arrastraran a su mundo nuevamente -.
- ¡Nooo!! – Sus dientes aprietan sus labios hasta hacerlos sangrar – Destruyo todo lo que era, , yo era un genio, un visionario, jugué con poderes y conocimientos mas allá de la comprensión, creí que ella me ayudaría, que me abriría puertas ocultas y solo se rió, me degrado, me humilló, me hizo refugiarme aquí hasta que ya no tuve como salir -.
- ¿Quieres saber entonces que te ofrecemos? -.
- La libertad, la venganza -.
- ¿Venganza… contra ella?... no hay tal cosa, yo con todo mi saber falle en eso – Volvió a enrollarse en el rincón - No puedes manipularla, lo intente, pensé que podía usarla -.
- Pero ella te uso – No hacia falta ser un erudito para ver el deseo en Garrido, Morgan podía vislumbrarlo claramente, mas allá de lo sexual, un deseo de poder, había esperado el abrazo, había rogado, quizás hecho acciones imperdonables por la promesa de eternidad y cuando no fue útil fue desechado.
Quizás en un ultimo momento Garrido había comprendido que su vida ya no valía, que la vampiro en vez de devolver su juguete al baúl simplemente lo partiría en dos y lo echaría a la basura, había escapado, corrido hacia las sombras a desaparecer en el primer agujero que podía encontrar.
Mas que lo que el orate pudiera decirle, Morgan ya se había hecho una idea de su enemiga, Evelyn era básica, narcisista, descuidada, otro vástago habría terminado el trabajo, no habría dejado un humano vivo que podía delatarle, ella no, se había contentado con asumir que Garrido no viviría o no seria amenaza.
Dane había elegido cuidadosamente a la primera presa.
- Nosotros no fallaremos, no tememos como tu, tu danos tu conocimiento y estarás libre, podrás dormir en paz -.
- No vamos a manipularla, simplemente le meteremos una estaca en el pecho y una antorcha en el culo – Dijo Kurt con una sugerente mueca.
- Y morirán intentándolo… - Garrido comenzaba a sobre excitarse, cualquier rastro de medicamento había abandonado su sistema, Morgan no había pensado en la táctica del policía bueno policía malo, en cambio tenia al bueno, el serio y el bestia… y parecía servir – Pero antes los hará hablar, y le dirán donde estoy! -.
- Entonces no estés acá – Morgan saco pausadamente el cuchillo y lo enterró frente a Garrido – Huye, desaparece donde ella no podrá encontrarte, quizás sea tu ultima oportunidad, úsanos como tu distracción, tal vez podamos herirla, al menos la demoraremos, tendrás el tiempo para al fin desaparecer -.
Garrido era profundamente egocéntrico, Morgan le estaba dando la sensación de tener el poder, la dirección, no tardo en asumir la idea como propia, si, el usaría a estos tipos, que fueran contra ella si querían, que murieran, mientras el podía al fin librarse de su martirio.
Morgan retrocedió unos pasos, Garrido tenia la vista fija en el puñal, sus ojos brillaron y esbozo una sonrisa.
- Evelyn es una toreador, clan de mamones y hedonistas, tiene manía por la música y la danza, mientras mas exótica mejor, y por los hombres, inocentes, estupidos, le gusta fingir que es casta, una pueblerina encandilada por la ciudad, una presa fácil para el conquistador de fin de semana, frágil, pura, los engatusa con su virginal estampa y cuando los tiene atontados los deslumbra con un aparente explosión de sensualidad, los desarma por completo, los hace arder en deseo -.
- Los hace pensar que han encontrado a la chica perfecta -.
- Una dama en la sala, una puta en la cama -.
- Entonces se destapa y mete en escena a sus niños, tiene a dos, ghouls creo que los llaman, mitad hombres mitad abominaciones, Sasha y Dalila, un ruso gigante y una gitana, hermosos y leales hasta la insania, Evelyn te hace creer que la controlan y pervierten, algunos sueñan en salvarla, otros simplemente en encamarse con los tres, pero todos caen, eso es lo que busca, le gusta la sangre caliente saben, muy caliente y dulce, no le basta con el deseo, ella quiere que te enamores -.
- Eso no tiene mucho de novedad, es bastante Anne Rice -.
- Una necesidad de serotonina, posiblemente ocitocina y testosterona, sabemos que los ventrue tienen necesidades químicas especificas, resulta lógico que otros desarrollen un gusto especial por ciertas combinaciones hormonales sanguíneas -.
- Morgan, a la mina le gusta el webeo nada más -.
- Los subestimaran como todos, Dalila por si sola te puede volar la tapa de los sesos, sus ojos de almendra te secan la mente, pero si se enoja es salvaje, Sasha es de lo peor, disfruta el dolor ajeno aun mas que su ama, no se detiene nunca no importa si es hombre o animal necesita tener un ultimo suspiro en sus oídos constantemente -.
- ¿Donde podemos encontrarlos? -.
- Busca el lugar de moda, donde abunde la música rara y los muchachos jóvenes, de buen nivel, sanos y ansiosos -.
- Eso no restringe mucho nuestra búsqueda -.
- ¿Crees que me mantengo al día de los panoramas universitarios acá? – Poco a poco casi sin darse cuenta Garrido se acercaba hipnotizado al cuchillo – La reconocerán de inmediato, blanca como la nieve, menuda y perfecta, el cabello dorado y los ojos verdes, grandes y profundos, le encanta parecer una chica de colegio de monjas -.
- Mata a la porrista y salva al mundo -.
Morgan levanto el cuchillo y lo hizo bailar entre tus dedos.
- Me lo he ganado – Dijo Garrido con un dejo de desesperación en su voz.
- Así es – Cortó ligeramente una de las mangas de la camisa, lo suficiente para que Garrido pudiera tomar con la punta de los dedos el arma – De ti dependerá huir, no ahora, esperaras hasta que sea el momento, no querrás que las sospechas recaigan hacia nosotros y que así lleguen a ti -.
- Un día mas no me matara, mañana cuando llegue la noche huiré, espero que ustedes cumplan su parte y mueran siendo útiles -.
Ulises llamo al celador y salieron de la habitación, al final del pasillo otro enfermo ahogo un grito.
- Renfield esta vivo – Dijo Morgan.
- No es de extrañar que nos encontremos con estos especimenes, son necesarios para los vástagos, humanos, débiles, deseosos de poder buscando una salida fácil a sus limitaciones, son presas obvias, útiles a la mascarada y desechables -.
- ¿Caeremos nosotros en esa clasificación? – Pregunto con desgano Kurt.
Ulises sonrió, hacia un tiempo que el buen profesor que había en el había desaparecido.
- Deja que ellos juzguen si es así -.
Decir que descansaron ese día seria exagerar, unas cuantas llamadas e investigación en línea bastaron para reducir la lista de antros a solo un par, Evelyn gustaba de rodearse del ganado, le restaba competencia pero también seguridad, si estaba donde creían estaría sola, sin mas vástagos que pudieran ayudarla.
Durmieron si, pero mas por obligación y entre la constante repetición de preparativos, no contaban con demasiado, los exiguos recursos y las fuertes regulaciones estatales los había obligado a contar con un arsenal bastante reducido, escopetas de caza modificadas, algunas armas cortas, un viejo Law desaparecido de carrizal bajo daban el poder de fuego, unos machetes y la poco confiable katana de Morgan serian los encargados de acabar el trabajo.
Al anochecer se pusieron en marcha, cargaron el armamento que no podían llevar encima en la Blazer y nerviosos llegaron al primer local, un primer reconocimiento fue infructuoso, frustrados enfilaron al siguiente.
Era pasada la medianoche cuando llegaron al club, Morgan fue el buscador, por 15 minutos recorrió el local hasta encontrarla, menuda, hermosa, cabellos dorados cayendo gracilmente sobre sus hombros, artísticamente dispuestos como si quisieran separarse en inocentes trenzas, blusa clara con un escote que mas que mostrar sugería, minifalda con un ligero toque escoses y botas de talle alto.
Tal como dijo Garrido, una colegiala inocente.
No es que fuera la única, pero no había otra tan interesante y tan cerca de la pareja que casi con insolencia no le perdía pista.
El alto y fornido, un spetnaz ruso sacado de sangrientas campañas como la de Afganistán, de rostro cortado en roca y ojos malignos.
Ella una belleza exótica, de formas perfectas y felinas, cabello oscuro casualmente desordenado con ojos de insondable y triste profundidad, almendrados y enmarcados en largas y rizadas pestañas.
Los habían encontrado.
Morgan se escabullo hasta el backstage, en el callejón los demás lo esperaban, entraron armados, preparados, mentalizados.
Ulises se sentó en una mesa oscura a solo metros de la vampiro, listo para intervenir.
Morgan en el balcón del VIP tenía tiro si era necesario.
Kurt…
Kurt era la carnada.
Avanzo decididamente hacia ella, un empujón basto para abrirse camino entre dos chicos que discutían de política, no reaccionaron, demasiado grande demasiado hostil. Una mirada basto también para que el chico delgado junto a ella se diera a la fuga. Ella le dedico una larga mirada apreciando cada rasgo.
Le gusto lo que vio.
Kurt se sentó despreocupadamente a su lado, que le dijo seria algo que poco interesaba a Morgan y Ulises, pero dio resultado, ella comenzó a reír y a coquetear con candidos ademanes.
“La cosa pinta bien”, pensó Ulises, tratando de mantenerse en las sombras, estaba fuera de lugar, demasiado viejo, demasiado formal, degusto lentamente su whisky mientras no perdía gesto de la conversación entre la pareja.
Morgan estaba mas preocupado, luchaba constantemente por mantener las armas ocultas usando una incomoda posición, pero peor aun, había descubierto que la gitana le miraba, con una insistencia molesta e inquisitiva.
Dalila no le gustaba del todo ser la marioneta de Evelyn, así había sido los últimos 8 años, años de soportar las manías de su señora, la amaba profundamente y era feliz satisfaciendo sus deseos, al menos eso sentía la mayor parte del tiempo, pero necesitaba algo mas, necesitaba cazar de vez en cuando, pero sus gustos de presas eran diferentes, le asqueaban los hijos de papi rebosantes de hormonas que constituían la merienda para Steffens, esos chiquillos llorones que rogaban por amor solo para recibir un mordisco.
Dalila prefería los hombres, oscuros, complejos, fuertes de espíritu, necesitaba emoción, tal vez incluso algo de rechazo al principio. Algo que pocas veces se le presentaba.
Esta vez esa oportunidad tocaba su puerta. No podía quitarle los ojos de encima al tipo parado en el balcón, había algo en el que exudaba seguridad y conflicto, tristeza, inteligencia.
Se levanto lentamente, con cada cuidado movimiento resaltando su sensualidad, delicadamente se apoya en la baranda a un costado de Morgan.
- Buscando jovencitas -.
- ¿Tan viejo me veo? -.
- Para nada, pero resaltas ante tanto niñato idiota -.
- Supongo que podría tomar eso como un cumplido -.
- Deberías -.
Ella le alargo graciosamente la mano mientras se acercaba a su oído.
- Me llamo Dalila, como la de la Biblia -.
- Nombre exótico, extraño en tu caso -.
- ¿Extraño? -.
- Dalila fue la mujer que hizo caer en desgracia a Sansón, manipuladora y hedonista, un trasfondo poco normal a resaltar entre tu gente, Zingara -.
- ¿Conoces a mi pueblo? -.
- Mi padre conoció a muchos de tus príncipes, compartió muchas veces sus tiendas, más de algún California lo llamo hermano -.
- Me impresionas, sabes mucho más de mí que yo de ti -.
- Solo veo lo que hay que ver, no es difícil ver el rostro de tu gente en ti -.
- ¿Y que más ves? -.
Morgan desvió los ojos, el cabello, la blancura de la piel, el aroma, hacia mucho tiempo que algo no le recordaba tanto a verónica.
- Soledad, vacío, quizás un poco de vergüenza -.
Dalila se sobresalto visiblemente, las palabras le habían llegado a un rincón de su corazón que hacia mucho había dejado de sentir.
- ¿Cómo puedes ver esas cosas? -.
- Tus ojos, son tristes, brillan con furia apagada, la furia del que no tiene una razón buena para sentir orgullo -.
- Tengo muchas razones para ser orgullosa – La frase la quemo por dentro, era una mentira, una de las que dolía decir.
- ¿De verdad?, ¿Alguna que te haga ver los rostros de la gente, o de tu pueblo con la frente en alto? -.
- ¿Qué puedes saber tú de ello? -.
- Se mucho de orgullo y dolor, Zingara -.
Dalila se hundió en dolorosos recuerdos, la tienda de su padre, la vieja camioneta ford que tantas veces manejo a espaldas de su familia, símbolo de una libertad que deseaba con toda su alma, libertad que aun no conseguía, había abandonado lo que amaba, la sabiduría de su padre, la ternura de su madre, la calma presencia de la abuela, sus hermanos y hermanas siempre dispuestos a protegerse unos a otros a vivir por su pueblo, orgulloso de su forma de vida feliz y libre. Libertad era justamente lo que no había encontrado, la danza que llenaba su corazón la había llevado a Evelyn, creía que con ella escaparía a la familia que creía que la asfixiaba, y solo había encontrado una prisión peor, una jaula de oro mas opresiva aun que su pueblo, una prisión de maldad.
Dalila trato de alejar esos pensamientos, de borrarlos de su mente, para cuando abrió los ojos de nuevo, sentía una calidez especial que hace mucho no sentía, una sensación de seguridad olvidada.
Ella tenía la cabeza en el hombro de Morgan.
Sasha comenzó a aburrirse, su ama estaba en medio de su juego y para peor Dalila parecía un maldito poodle moviéndole la cola a un extraño, el en cambio sorbiendo vodka francés con una porquería de jugo de limón intomable. Vodka francés! Ni en el peor campo de batalla se había rebajado tanto.
Entonces lo vio, el juguete de su ama estaba tomándose atribuciones demasiado rápido, no sabia si ella estaba divertida o ya se estaba hartando de el juego, solo podía ver la mano de Kurt bajo la falda de ella.
“Ella no se enojara si apuro un poco la cena” se dijo, dejo el vodka a medio terminar en la barra y se dirigió directamente a la pareja.
- ¡Te estas metiendo con mi prima!, eso no lo tolero -.
- Calma chico, no te metas donde no te llaman – Kurt no se altero, esperaba el siguiente acto del show.
- Sasha no le hagas daño, solo conversábamos – Evelyn, no esperaba la intromisión tan pronto, pero tampoco era tan a deshora, el hambre ya se le manifestaba y el chico a su lado parecia estar listo, así que decide actuar su parte de sumisa pueblerina sin demora.
- Escucha a tu prima Sasha – Kurt tiene experiencia en cabrear tipos, su sonrisa es de una acidez especialmente toxica.
- No lo alteres Kurt, es muy violento, mejor me voy con el -.
- Nahh, la chica esta conmigo ruso, no necesita tu protección – Kurt se levanta artísticamente fingiendo algo de embriaguez pero elevando su gran cuerpo.
- Alemán patético, yo digo con quien esta mi prima – El ruso no se queda atrás y lo encara directamente.
- Ah si? ¿Quieres discutirlo afuera comunista?-.
Sasha se gira y con un ademán hacia Kurt comienza a bajar la escalera, lanza una mirada a Dalila pero esta no parece estar atenta, “Mal, la señora la reprenderá mas tarde”.
Kurt sonriente sigue al ruso, su mirada se cruza con Morgan, mas adelante Ulises ya esta bajando hacia la pista de baile desde la otra escalera.
Evelyn espera algunos segundos, y con falsa cara de preocupación enfila también a la salida, el hambre le atenaza las entrañas y no tiene nada mas en mente, ni siquiera donde esta su sirvienta.
Ulises se cruza con Kurt metros antes de la entrada, la recortada cambia de manos rápidamente hundiéndose en el abrigo del alemán. Pero no encaja en el gancho, se le resbala de sus manos y con estrépito el cañón golpea el piso de baldosas.
Sasha lo ve, sus ojos y los de varios presentes se agrandan de asombro.
El plan se va al carajo.
Kurt le abre un forado del porte de un puño al ghoul con su escopeta.
En la puerta, frente a todos.
Gente en pánico, la aguja del mezclador rasga un disco cuando el dj en huida golpea la consola, la música se detiene y solo se escuchan los gritos.
Ulises gira 180 grados, Evelyn esta atónita, hay un buen espacio vacío entre ellos, la vieja 45 se materializa en las manos del cazador, ella no comprende hasta que las primeras balas le alcanzan, Poirot le vacía el cargador completo, otro ya esta en su otra mano.
La blusa clara se oscurece rápidamente, media docena de impactos queman su pecho, no sabe que hacer, frente a ella el cazador recarga su arma, el miedo, terror puro la invade…
Y corre.
Dalila ve el resplandor de reojo, aun no fija bien la vista cuando ve caer a Sasha en la entrada, a escasos metros abajo, su señora suelta un grito gutural, en cámara lenta ve el hombre disparando contra su ama.
Gira, sus músculos se tensan, se toma del barandal para saltar cuando siente la mano de el sobre el hombro.
“No es momento para machismos, no necesito ser protegida” alcanza a pensar, gira para empujar al tipo a su lado…
Y una garra poderosa se cierra en su cuello.
- Perro insolent… -.
Sus pies se separan del piso, por una fracción de segundo lo ve, su cara se acerca, un rostro calcáreo, una mueca de odio tan absoluto que le hiela de temor cada célula de su cuerpo, una mirada que la hunde mas allá del temor animal mas primitivo.
“Son los ojos de la muerte”.
Morgan la estrella contra una pared, algo cruje entre las costillas de la chica, ella lucha por soltarse de la prisión en su garganta y entonces levantada otra vez cae sobre la barra, es arrastrada a través de los abandonados licores, para terminar como muñeca de trapo contra la caja registradora.
El grito le surge desde lo profundo de su ser, rabia, dolor, lagrimas, su cuerpo le duele como no le ha dolido en décadas, sus dientes se astillan de la presión de la furia, la sangre de su ama le quema las arterias.
Dalila salta sobre la barra, lo encontrara donde sea que se haya escondido, lo matara sin misericordia, oh! rogara por morir rápido.
El salón vip vacío, con los muebles desparramados y los últimos comensales en desesperada huida, enmarcan la figura oscura de espaldas al balcón.
La espera.
El no rogara, no se esconderá,
El esta aquí para matarla.
Evelyn se desespera, corre buscando una salida, comienza a subir las escaleras cuando otra ráfaga le estalla al costado, Ulises se toma un poco mas de tiempo en apuntar, sus tiros trazan dolorosos surcos en su carne.
Kurt golpea al único guardia que se le ha interpuesto rompiéndole la nariz hasta el punto de la no reconstrucción, la estampida casi termina y puede ver a la vampiro corriendo hacia el vip, la escopeta rugue de nuevo y un gran trozo de mampostería incrusta astillas en Evelyn.
Dalila se lanza al ataque, la botella en su mano surca el aire en una elipse casi perfecta hacia el rostro del cazador, pero este no esta, flexiona las piernas y la golpea con toda la fuerza de su cuerpo, el esternon de ella cruje, el aire escapa de sus pulmones con un quejido sordo.
En rápida sucesión Morgan la golpea, metódicamente, su puño se hunde en la garganta, la traquea se resiente y se obstruye, el otro le da bajo la axila, dos costillas mas se astillan, ella se dobla sobre su abdomen, la rodilla de el la golpea entre los pechos y su codo hace estallar olas de dolor desde su nuca.
Dalila cae, no puede respirar, sus pulmones arden desde adentro y su cuello parece una masa contraída atenazando su garganta.
Va a morir, puede sentirlo, el soplo de la vida se escapa indefectiblemente de entre su cuerpo y la sombra del cazador es una mortaja asfixiante que la rodea.
Morgan se abre el abrigo, sus dedos se cierran sobre la empuñadura gastada de la katana y lentamente la hoja sale a la luz.
Evelyn aparece por un costado de la barra, escucha el chirrido del metal antes de ver la espada, Morgan también la escucha y gira con la espada ya desenvainada en la mano.
La ve tirada, su querida sirviente de tanto tiempo vencida, probablemente muerta, el miedo la roe por dentro, las paredes del salón parecen cerrarse sobre ella, solo piensa en huir, en salvar su no vida.
Evelyn salta sobre la barra, corre y se impulsa hacia el balcón, es un salto imposible para un humano, difícil aun para un vampiro, pero la celeridad le da el delta necesario.
Morgan flexiona las piernas, la katana traza un ligero arco y queda en posición, cortara la trayectoria de la vástago justo antes de caer desde el balcón, en el momento indicado ordena a sus músculos a soltarse, un latigazo de adrenalina controlado, la katana corta el aire y se hunde en Evelyn…
Solo unos centímetros, Morgan cae con una rodilla a tierra, las uñas de Dalila se incrustan en su pierna.
Evelyn vuela por sobre el balcón hacia la pista de baile, el corte no es profundo y apenas suelta algunas gotas de preciada sangre, nada que un buena cena y algo de descanso en su refugio no puedan curar, que esos humanos traten de alcanzarla, que salten desde ahí si quieren, son lentos y débiles, ella escapara, lo sabe, lo lograra, hasta que ve las llamaradas debajo.
Ulises destroza uno de sus brazos, las balas de la 45 rompen huesos y cortan tendones.
Kurt le arranca un gran trozo de su cadera, los jirones de la falda escocesa se desprenden.
Los impactos rompen su trayectoria, su cuerpo cae sobre el escenario entre varias mesas y parlantes, hay chispas y crujidos por todo el local, el telón se desploma y con el los reflectores.
Morgan gira las piernas, las uñas le dejan grandes surcos en la pantorrilla pero la muñeca de ella se rompe, la katana cae sin demasiada fuerza y abre una gran herida en el costado de la ghoul.
Ha sido el último esfuerzo de Dalila, la oscuridad cae sobre ella.
Morgan a su lado, delicadamente mueve uno de sus cabellos oscuros sobre los ojos almendrados, las membranas palidecen, la anemia que hace su aparición, la sangre escapa por sus heridas y con ella la vida.
- Tú elegiste tu camino… hace muchos años -.
Ulises y Kurt se separan, Evelyn esta ahí, escondida entre las masas de muebles, cortinajes y demases, el local esta en silencio solo alumbrado por algunas solitarias luces parpadeantes, la tensión es palpable, la sorpresa se ha esfumado, la presa contraatacará.
Poirot le hace una seña, Morgan no sabe como pero entiende la genialidad de Ulises, se escabulle entre el vip y llega a la cabina de controles.
Evelyn lanza su auspex, puede sentir los latidos de los dos hombres, el tercer esta lejos, el salón esta en penumbras, tiene la ventaja.
Con sobrehumana velocidad surge de entre los escombros, los ojos encendidos percibiendo perfectamente cada sombra, cada detalle, los oídos atentos a cada murmullo, el olfato llenándole de el olor de los mortales.
Están a su merced, se alimentara de ellos, pagaron con dolor y muerte su audacia.
Los reflectores se encienden al unísono, los parlantes estallan en tonos bajos y agudos, Morgan sube los volúmenes de la mezcladora con furia mientras un insistente zumbido comienza a llenarle la cabeza.
Para Evelyn es espantoso, con todos sus sentidos aguzados es un golpe terrible, cada decibel golpea sus tímpanos, cada resplandor quema sus retinas, esta en el aire cuando ocurre, cae rápidamente al piso, antes de tocar el suelo los estallidos la alcanzan, una y otra vez las balas la golpean.
Cada fibra de la vampiro grita de dolor, se arrastra por la pista de baile, los dos cazadores aprietan el gatillo sin descanso, es un ajusticiamiento.
Morgan baja los controles a niveles tolerables y hecha a correr hacia la pista.
Kurt recarga, Ulises saca el cuchillo con la otra mano mientras continua disparando, Evelyn se sacude a cada impacto.
Saca un ultimo aliento de poder, un estallido de celeridad final, corre, con sus postreras esperanzas a cuestas.
Evelyn Stephens salta por una ventana, ha visto la muerte en ojos de dementes y huye sin saber por que.
Los cazadores echan a correr hacia la salida, Kurt el más rápido toma el volante mientras los demás se lanzan dentro. La destartalada Blazer de Kurt ruge en las calles en descontrolada carrera, los autos colisionan detrás a medida que se saltan una tras otra las luces rojas de la ancha avenida.
Ulises dispara como poseso, mientras Kurt destroza sus músculos tratando de controlar el pesado vehiculo.
Morgan suelta los seguros del “Law”, el único, comprado con exiguos ahorros, guardado para una ocasión especial… inútil.
El cohete se estrella mas allá, un compacto Lada azul pasa a mejor vida y los vidrios de la blazer también.
Evelyn corre indemne con la camioneta sin control detrás. La sangre se acaba a cada segundo, no podrá mantener el ritmo mucho tiempo.
La siguen hasta la vieja mansión, ruinosa, ajena entre las tiendas y boutiques.
Ella atraviesa la puerta de viejo roble, gastada por décadas de abandono, la desesperación la inunda, su refugio no es suficiente, esta sola con el vago consuelo de estar en su territorio.
No sabe porque sube, solo quiere esconderse, que la sensación de impotencia desaparezca, son humanos, humanos, por Caín! Esto no puede sucederle a ella, a vivido mucho, a sobrevivido mucho.
Se tropieza en el ultimo escalón cayendo de bruces en el pasillo del segundo piso, los escucha, entran por la puerta despacio, atentos, la encontraran. Esta atrapada.
Kurt avanza adelante con la escopeta en ristre, Ulises lo detiene, hay un rastro claro en el piso a la luz de la luna que entra por el gran tragaluz sobre la desvencijada lámpara del salón.
- Arriba -.
Evelyn tiembla.
Lentamente comienzan a subir, agolpándose ante la necesidad de terminar, es el fin, solo un poco más y habrán cumplido.
Lo cierto es que por poco no lo cuentan, gracias a su propia estupidez.
Ridículos, confiados, hinchados de odio y orgullo, con las manos crispadas en las armas de segunda selección, usadas, compradas a módico precio.
Evelyn esta en el descanso, las garras surgen de sus dedos, sus colmillos asoman de su boca entreabierta y un siseo aterrador llena la mansión.
Kurt trastabilla de horror, Morgan siente como sus piernas flaquean. Ulises entorna los ojos, su mirada se ha vuelto borrosa mientras escucha en su mente una dulce voz que le advierte “Presencia amor, no mires”.
Evelyn cae sobre Kurt, este rueda hacia abajo, con certero movimiento Ulises lo esquiva, Morgan no tiene tanta suerte.
La vástago pasa por encima, Ulises logra tomarla de un tobillo, ella se desploma escaleras abajo. Kurt se lanza sobre una de sus piernas, Morgan empala una de sus garras, Ulises deja caer sus 90 kilos sobre su pecho.
A gatas, de rodillas, encima de ella, la ultimaron. Ya no hay fuerzas para morder, no hay garras para arañar, no hay sangre para vivir.
Las pistolas disparando a quemarropa, los cuchillos enterrándose en la carne sin vida una y otra vez.
No fue muy elegante, tampoco muy efectivo.
Casi los mata a todos.
Pero lo hicieron, amalgamado con la sangre de los tres, el polvo que era ella se quedaría en el piso para siempre.
Sin ser suficiente.
Sin aplacar su odio.
Pero haciéndolos sentirse vivos de nuevo.
Vengadores.
Cazadores.
El criminalista no se hizo demasiados problemas y simplemente trazo una línea juntando las dos que delimitaban lo que supuestamente habían sido el brazo de Evelyn, no quedaba mucho, algunos fragmentos de hueso calcinado y mucha ceniza dispuesta vagamente con la forma del cuerpo. El perito de bomberos no había encontrado acelerantes pero el fuego que había consumido en parte la casona parecía haberse originado en ese sitio al pie de la escalera, la victima podría haber muerto calcinada o por acción de múltiples heridas de armas de fuego o cortantes, los proyectiles incrustados en las paredes y los cortes en el piso contaban la historia de ataques repetidos contra la mujer, si había algún rastro de sangre de ella o de los victimarios ya hacia mucho que se había volatilizado en el fuego, quizás con mas equipo o presupuesto podría haberse sacado mas en claro, pero poco interesaba, la casa ruinosa no figuraba como ocupada, pronto seria demolida y sin poder identificar el cadáver lo normal era clasificarlo de indigente.
Nadie gasta un peso en un indigente, quien fuera el culpable podría dormir tranquilo.
Hacia horas que los últimos efectivos de la ley se habían marchado, las cintas de “sitio del suceso” no pararían a nadie así que la policía se había cuidado de tapiar con madera aglomerada la entrada, solo la entrada.
Con total sutileza una forma pequeña se deslizo por uno de los alfeizares de la primera planta, con seguridad cruzo el viejo comedor y llego al pie de la escalera, por unos segundos observo la silueta femenina de tiza demarcada en el piso chamuscado, una silueta manca y sus ojos se posaron sobre algunos cabellos aun prendidos en la balaustrada de la escalera, cabellos dorados como el oro.
Destrabo la trampilla al sótano y bajo tanteando hasta que el pálido reflejo desde el recibidor se difumino en la oscuridad, solo entonces prendió la pequeña linterna y abriendo la portezuela rebusco entre las mohosas cenizas de la caldera.
La caja metálica aun estaba ahí, Garrido la abrió con ceremoniosa delicadeza, los tres pequeños tubos fueron rápidamente a su bolsillo, llenos hasta el tope de oscuro líquido, solo cuando sintió su peso contra la cadera, se digno en tomar el libro.
Una sola palabra salio de sus labios.
- Nod -.
Garrido desapareció esa noche.
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martes, 7 de abril de 2009
Primer dia de trabajo
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lunes, 6 de abril de 2009
Los Cazadores: Javier
Javier.
2002
Trazos y pinceladas, rojo por aquí, azul por allá. Rojo por el odio, azul por la desconsuelo.
“The Cure” suena depresivo, suena triste, suena… a “the cure”, con la voz de smith saliendo despacio por los parlantes salpicados de látex y óleo, con el melancólico chicharreo del vinilo de fondo, ¿alguna vez a sonado de otra forma?
Javier Veracruz aprieta los dientes con enfado mientras lanza brochazos con la futilidad del porque sí.
Muchos días con bloqueo creativo, la pesadilla del artista, el pintar con desgano, la torpe técnica del desosiego emocional.
¿Atrás quedaron esas obras inmortales fruto del trance no deseado?.
¿Es todo su talento una quimera?, ¿Una simple mentira producto de fuerzas que a veces, solo a veces, siente fluir por el?.
La duda le carcome por dentro, el miedo atroz a la mediocridad. Después de todo así a sido siempre.
Perdido, casi infantil, irresponsable. ¿Mediocre?
¿Acaso no ha sido así toda su vida?
Persiguiendo sueños de arte, mas como excusa a su propia falta de proyección de futuro, que a genuino deseo de expresar una creatividad esquiva.
A vivido rehuyendo sus propias culpas, sus propias responsabilidades, considerándose a si mismo, en su inconsciente, a merced de ideas tan pueriles como la misma noción de destino.
Culpando a otros por cada fracaso e incluso por cada éxito.
Nunca pidió ser lo que es, ni vivir lo que ha vivido. Y sin embargo es esta misma falta de decisión la que ha permitido cada hecho en su historia.
Cada paso, adelante y atrás.
Esa indecisión la que lo llevo a enredarse en una guerra en la que nunca ha sido un buen guerrero, una vez más por falta de talento y constancia.
Esa indecisión la que lo llevo a enredarse en mil relaciones sin futuro, para terminar siendo casi el juguete sexual de una criatura con la que no podía compararse.
Esa misma indecisión que lo llevo a ser el padre ausente de una hija que no solamente por su inmenso poder pareciera haberle superado ya en madurez.
Una hija que le es todo, un propósito al fin, una certeza reconfortante tanto buscada y sin embargo aun no suficiente.
Javier, un joven compartiendo el cuerpo y la mente con un niño y un abuelo ambos parte de él mismo y a la vez tan ajenos. Tratando de encontrar una respuesta al caos del que forma parte, pero sin esforzarse demasiado.
Un poco de amarillo por acá, un poco de verde por allá. Amarillo por la alegría, verde por la esperanza.
Lentamente los rostros de sus nietos emergen en la pintura rodeados por esa áurea de poder que les pertenece por herencia.
Javier a sus veinte y tantos, se siente niño y anciano a la vez, sin darse cuenta acaricia el revolver que se ve fuera de lugar en su cinto, buscando a ciegas una vez mas un rumbo en su vida que se niega burlón a mostrarse y que ni el alcohol ni las drogas aclaran en lo mas mínimo.
Otras cosas peores tampoco lo han hecho.
Llevado por la corriente es como podría definir su existencia, pataleando y sacando apenas la nariz sobre las frías aguas que lo entumen en vez de despertarle y hacerle reaccionar para nadar.
Si, alguna vez lo ha intentado, alguna vez apretó los dientes y dijo no, encaro las cosas y luchó por lo que quería…
Y fue peor.
¿Ha crecido o es solo la amargura hipócrita del perdedor? Del torpe que más allá de romper los licores de Isaías con lo que tropieza es con la vida misma.
Tanto y tan poco, Javier atrapado en uno de sus propios cuadros aun busca un destino que parece atenazarlo y cuando esta a punto de devorarlo lo escupe contra el lienzo de la vida como otra mas de sus pinceladas sin sentido.
Sin razón.
Sin propósito.
El rojo queda marginado a unas gotas perdidas, el azul se funde como en la noche. Javier se retira unos pasos y observa su ultima obra, negra y gris por completo.
No es excelente, pero si real, como muy pocas veces.
Como muy pocas veces, su obra es exactamente como se siente.
2002
Trazos y pinceladas, rojo por aquí, azul por allá. Rojo por el odio, azul por la desconsuelo.
“The Cure” suena depresivo, suena triste, suena… a “the cure”, con la voz de smith saliendo despacio por los parlantes salpicados de látex y óleo, con el melancólico chicharreo del vinilo de fondo, ¿alguna vez a sonado de otra forma?
Javier Veracruz aprieta los dientes con enfado mientras lanza brochazos con la futilidad del porque sí.
Muchos días con bloqueo creativo, la pesadilla del artista, el pintar con desgano, la torpe técnica del desosiego emocional.
¿Atrás quedaron esas obras inmortales fruto del trance no deseado?.
¿Es todo su talento una quimera?, ¿Una simple mentira producto de fuerzas que a veces, solo a veces, siente fluir por el?.
La duda le carcome por dentro, el miedo atroz a la mediocridad. Después de todo así a sido siempre.
Perdido, casi infantil, irresponsable. ¿Mediocre?
¿Acaso no ha sido así toda su vida?
Persiguiendo sueños de arte, mas como excusa a su propia falta de proyección de futuro, que a genuino deseo de expresar una creatividad esquiva.
A vivido rehuyendo sus propias culpas, sus propias responsabilidades, considerándose a si mismo, en su inconsciente, a merced de ideas tan pueriles como la misma noción de destino.
Culpando a otros por cada fracaso e incluso por cada éxito.
Nunca pidió ser lo que es, ni vivir lo que ha vivido. Y sin embargo es esta misma falta de decisión la que ha permitido cada hecho en su historia.
Cada paso, adelante y atrás.
Esa indecisión la que lo llevo a enredarse en una guerra en la que nunca ha sido un buen guerrero, una vez más por falta de talento y constancia.
Esa indecisión la que lo llevo a enredarse en mil relaciones sin futuro, para terminar siendo casi el juguete sexual de una criatura con la que no podía compararse.
Esa misma indecisión que lo llevo a ser el padre ausente de una hija que no solamente por su inmenso poder pareciera haberle superado ya en madurez.
Una hija que le es todo, un propósito al fin, una certeza reconfortante tanto buscada y sin embargo aun no suficiente.
Javier, un joven compartiendo el cuerpo y la mente con un niño y un abuelo ambos parte de él mismo y a la vez tan ajenos. Tratando de encontrar una respuesta al caos del que forma parte, pero sin esforzarse demasiado.
Un poco de amarillo por acá, un poco de verde por allá. Amarillo por la alegría, verde por la esperanza.
Lentamente los rostros de sus nietos emergen en la pintura rodeados por esa áurea de poder que les pertenece por herencia.
Javier a sus veinte y tantos, se siente niño y anciano a la vez, sin darse cuenta acaricia el revolver que se ve fuera de lugar en su cinto, buscando a ciegas una vez mas un rumbo en su vida que se niega burlón a mostrarse y que ni el alcohol ni las drogas aclaran en lo mas mínimo.
Otras cosas peores tampoco lo han hecho.
Llevado por la corriente es como podría definir su existencia, pataleando y sacando apenas la nariz sobre las frías aguas que lo entumen en vez de despertarle y hacerle reaccionar para nadar.
Si, alguna vez lo ha intentado, alguna vez apretó los dientes y dijo no, encaro las cosas y luchó por lo que quería…
Y fue peor.
¿Ha crecido o es solo la amargura hipócrita del perdedor? Del torpe que más allá de romper los licores de Isaías con lo que tropieza es con la vida misma.
Tanto y tan poco, Javier atrapado en uno de sus propios cuadros aun busca un destino que parece atenazarlo y cuando esta a punto de devorarlo lo escupe contra el lienzo de la vida como otra mas de sus pinceladas sin sentido.
Sin razón.
Sin propósito.
El rojo queda marginado a unas gotas perdidas, el azul se funde como en la noche. Javier se retira unos pasos y observa su ultima obra, negra y gris por completo.
No es excelente, pero si real, como muy pocas veces.
Como muy pocas veces, su obra es exactamente como se siente.
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Los Cazadores: Blitz
Blitz.
2002
Los ojos desorbitados, la respiración entrecortada.
Se lleva las manos a la cabeza buscando el impacto que como todos los días le vuela la tapa de los sesos.
Y como siempre no está.
Blitz Volt despierta frío y pegajoso, se volvió a quedar dormido en el berguere barato del salón y como siempre este ayuda a su miseria con la desagradable sensación del sudor frío contra el cuero.
Se levanta malhumorado, una revisión a las cámaras, sin novedad, la computadora de la fortaleza no registra alarmas, el termómetro en 23 grados.
“Mucho calor, eso me esta haciendo sudar”. Se dice tratando de alejar sus fantasmas.
“El” fantasma, el mismo.
Se concentra un momento, siente la energía mágica fluyendo del artefacto, todo parece normal.
Unos cuantos grados menos, una cerveza bien helada.
“¡Que bien se siente estar vivo!.”
“¡Demonios Blitz, se siente igual que siempre!”.
La vida aún apesta.
La niñita todavía crece sin padre y quizás su único recuerdo viene de los malditos letreros de “se busca”, poniéndose amarillos en las paredes de los cuarteles de policía.
Algo te sirvió el hacerte el gracioso y hacer morisquetas cada vez que te trataban de fotografiar, aún no encuentran una imagen reciente tuya y han tenido que conformarse con el retrato hablado de tercera donde no sabes si eres tu o una foto de “Popeye el marino”.
Pero aún te recuerdan sabes, por mas sobreseído que este tu caso, por mas que hayas tratado de cubrir tus huellas, por mas que hayas engañado incluso a tus amigos. Tus viejos compañeros de la policía civil aún tienen tu rostro grabado en sus mentes junto a las imágenes de los funerales de todos los que mataste.
¿Y para que hablar de los uniformados?, Si son ellos los que te encuentran será peor, te van a desollar vivo, te matarán.
De nuevo.
Y no será tan rápido he indoloro como la ultima vez.
La vida aún apesta.
“Mierda”.
Ahí sigues, siempre con tu omnipresente ley de Murphy guiando tus acciones, la fortaleza, kilómetros de cables, millones de dólares en computadoras, armas y defensas Hi-Tech, y el maldito hervidor eléctrico coreano no funciona y te quemas los dedos con la porquería de tetera de dos dólares.
Aún te levantas al anochecer y te sientas como Pachá a ver las noticias, sorber café rancio y limpiar la mentada escopeta.
Aún te ríes como imbécil al prender el habano robado a Isaías, con llamas salidas de tus dedos.
Si hubieras sabido que todo seguiría igual, antes de morir te habrías incinerado tu mismo.
Quizás así no seguirías preguntándote estupideces, dejarías de estar metido hasta el cuello en mierda que no entiendes, sintiéndote dentro de una mala película.
Preguntándote si eres el héroe y sobrevivirás a todo, o eres solo un extra y estiraras la pata a mitad de acto.
Ya una vez te viste como simples letras en los créditos.
Ya una vez te viste con los sesos desparramados y comiendo tierra y gusanos, oliendo tu propio hedor a putrefacción, ¿No?.
Al menos una vez.
Y sin embargo, aquí estas. Sin saber porque, especialmente cuando se lo debes a quien menos te conviene deberle.
Espera a que los demás se enteren.
Aún la vida apesta.
Aún te levantas del sillón, hastiado de ver al mismo imbécil informar las mismas idioteces en el mismo estúpido canal. Aún caminas hacia el auto con la escopeta bajo el brazo, preguntándote si eres solo otra pieza del ajedrez y no sabes si tu te mueves o hay alguien manejando los hilos y haciendo enroque contigo solo para cagarte la existencia.
Aún te juntas con tus amigos y sales a volarle la cabeza a leyendas a ver si alguien te lo explica.
Blitz Volt se acomoda en el asiento del conductor, con la sensación del acero frío de la escopeta en las costillas.
Y se ríe al encender el cigarro con llamas saliendo de sus dedos.
2002
Los ojos desorbitados, la respiración entrecortada.
Se lleva las manos a la cabeza buscando el impacto que como todos los días le vuela la tapa de los sesos.
Y como siempre no está.
Blitz Volt despierta frío y pegajoso, se volvió a quedar dormido en el berguere barato del salón y como siempre este ayuda a su miseria con la desagradable sensación del sudor frío contra el cuero.
Se levanta malhumorado, una revisión a las cámaras, sin novedad, la computadora de la fortaleza no registra alarmas, el termómetro en 23 grados.
“Mucho calor, eso me esta haciendo sudar”. Se dice tratando de alejar sus fantasmas.
“El” fantasma, el mismo.
Se concentra un momento, siente la energía mágica fluyendo del artefacto, todo parece normal.
Unos cuantos grados menos, una cerveza bien helada.
“¡Que bien se siente estar vivo!.”
“¡Demonios Blitz, se siente igual que siempre!”.
La vida aún apesta.
La niñita todavía crece sin padre y quizás su único recuerdo viene de los malditos letreros de “se busca”, poniéndose amarillos en las paredes de los cuarteles de policía.
Algo te sirvió el hacerte el gracioso y hacer morisquetas cada vez que te trataban de fotografiar, aún no encuentran una imagen reciente tuya y han tenido que conformarse con el retrato hablado de tercera donde no sabes si eres tu o una foto de “Popeye el marino”.
Pero aún te recuerdan sabes, por mas sobreseído que este tu caso, por mas que hayas tratado de cubrir tus huellas, por mas que hayas engañado incluso a tus amigos. Tus viejos compañeros de la policía civil aún tienen tu rostro grabado en sus mentes junto a las imágenes de los funerales de todos los que mataste.
¿Y para que hablar de los uniformados?, Si son ellos los que te encuentran será peor, te van a desollar vivo, te matarán.
De nuevo.
Y no será tan rápido he indoloro como la ultima vez.
La vida aún apesta.
“Mierda”.
Ahí sigues, siempre con tu omnipresente ley de Murphy guiando tus acciones, la fortaleza, kilómetros de cables, millones de dólares en computadoras, armas y defensas Hi-Tech, y el maldito hervidor eléctrico coreano no funciona y te quemas los dedos con la porquería de tetera de dos dólares.
Aún te levantas al anochecer y te sientas como Pachá a ver las noticias, sorber café rancio y limpiar la mentada escopeta.
Aún te ríes como imbécil al prender el habano robado a Isaías, con llamas salidas de tus dedos.
Si hubieras sabido que todo seguiría igual, antes de morir te habrías incinerado tu mismo.
Quizás así no seguirías preguntándote estupideces, dejarías de estar metido hasta el cuello en mierda que no entiendes, sintiéndote dentro de una mala película.
Preguntándote si eres el héroe y sobrevivirás a todo, o eres solo un extra y estiraras la pata a mitad de acto.
Ya una vez te viste como simples letras en los créditos.
Ya una vez te viste con los sesos desparramados y comiendo tierra y gusanos, oliendo tu propio hedor a putrefacción, ¿No?.
Al menos una vez.
Y sin embargo, aquí estas. Sin saber porque, especialmente cuando se lo debes a quien menos te conviene deberle.
Espera a que los demás se enteren.
Aún la vida apesta.
Aún te levantas del sillón, hastiado de ver al mismo imbécil informar las mismas idioteces en el mismo estúpido canal. Aún caminas hacia el auto con la escopeta bajo el brazo, preguntándote si eres solo otra pieza del ajedrez y no sabes si tu te mueves o hay alguien manejando los hilos y haciendo enroque contigo solo para cagarte la existencia.
Aún te juntas con tus amigos y sales a volarle la cabeza a leyendas a ver si alguien te lo explica.
Blitz Volt se acomoda en el asiento del conductor, con la sensación del acero frío de la escopeta en las costillas.
Y se ríe al encender el cigarro con llamas saliendo de sus dedos.
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Los Cazadores: Isaias
Isaías.
2002
Las palabras se agolpan en su mente, las silabas bailan delante de él, las letras se trenzan en duelo por salir y quedar plasmadas en papel.
¿Cómo siempre?.
Isaías Álvarez sonríe frente a la vieja maquina de escribir, de esas chicas y porfiadas, con cintas que se apelotonan y papel que se arruga y mancha justo cuando pones el punto al final de la pagina.
Como para reírse de ti.
¡Hazlo de nuevo imbécil, puedes hacerlo mejor!.
¿Quizás por eso sigue ocupándola?.
Normalmente tiene razón.
Su ultimo libro ya resalta en los escaparates. No les gustara a “ellos”. Mas de algún Ventrue pondrá el grito en el cielo y pedirá su cabeza a sus pies.
Hasta que alguien, susurrándole al oído, le informe de las cabezas que han rodado a los pies de tan insolente escritor.
El ventrue agachara la cabeza, se morderá los labios y guardara un incomodo silencio.
“¡El silencio otorga bastardo!”.
“¡O grita, ponte furioso y ve a buscarlo y veras tu propia cabeza a los pies de la presa!”.
Las cosas algo han cambiado.
“¿De nuevo un poco vanidoso?”.
La maquina que parece de nuevo reírse de el.
“¿Qué pasa Álvarez?. ¿Se te han subido los humos a la cabeza de nuevo?”.
“¿Tu nombre famoso, tu lindo Penthouse, tus abultados ahorros te gritan lo genial que eres?”.
“¿O es el polvo sangriento en tus zapatos italianos?”.
“¿O el poder de esos artefactos mágicos que atesoras junto a las obras de arte?”.
“¿O es el conocimiento que ahora ilumina tu vida, por el que tan bajo precio pagaste?”.
Tan barato.
“¿Dime Álvarez? ¿Es eso?”.
“¿El hecho de que ha diferencia de los demás, tu disfrutas tu vida?”.
“¿Qué no has pagado el precio?”.
“¿O te das cuenta que no has perdido lo que los demás porque nunca lo tuviste?”.
Que no sufres con la realidad que ahora conoces porque no te ha costado mas que algo de dinero, y que incluso has ganado mucho mas gracias a todo esto.
“¿Qué has perdido Álvarez?”.
“¿Un maldito auto?, Ahora tienes otro Jaguar igual”.
“¿Unas cuantas paredes del Penthouse?”.
“¿El dinero invertido en la fortaleza?”.
“¡¿Qué Álvarez, que?!”.
No has perdido ha nadie que amaras, porque nunca amaste a nadie.
Por eso tampoco has ganado nada.
“¡No!”.
Isaías Álvarez sonríe, el arma de un escritor es su imaginación, mientras mas poderosa mejor. Incluso cuando te imaginas a tu maquina de escribir hablándote de aquello que te niegas ha decirte directamente.
“¡No!”.
“¿Sabes que he ganado montón de teclas?”.
Un propósito una misión. Una misión en su vida, no en mundos imaginarios.
No viviendo a través de sus personajes.
Una misión en el mundo real, su verdadera vida.
Un destino creado, no escrito.
Eso ha ganado.
Y amigos.
Apaga la luz de su estudio y le hecha una ultima mirada a la vieja maquina inmóvil, muda.
Toma el ascensor y atrás queda su fiel criada preocupada como todas las noches.
A sus cuarenta y tantos años Isaías Álvarez deja sus tareas y sale a jugar con sus amigos, a hacer sus travesuras.
A vivir su vida.
Su vida.
2002
Las palabras se agolpan en su mente, las silabas bailan delante de él, las letras se trenzan en duelo por salir y quedar plasmadas en papel.
¿Cómo siempre?.
Isaías Álvarez sonríe frente a la vieja maquina de escribir, de esas chicas y porfiadas, con cintas que se apelotonan y papel que se arruga y mancha justo cuando pones el punto al final de la pagina.
Como para reírse de ti.
¡Hazlo de nuevo imbécil, puedes hacerlo mejor!.
¿Quizás por eso sigue ocupándola?.
Normalmente tiene razón.
Su ultimo libro ya resalta en los escaparates. No les gustara a “ellos”. Mas de algún Ventrue pondrá el grito en el cielo y pedirá su cabeza a sus pies.
Hasta que alguien, susurrándole al oído, le informe de las cabezas que han rodado a los pies de tan insolente escritor.
El ventrue agachara la cabeza, se morderá los labios y guardara un incomodo silencio.
“¡El silencio otorga bastardo!”.
“¡O grita, ponte furioso y ve a buscarlo y veras tu propia cabeza a los pies de la presa!”.
Las cosas algo han cambiado.
“¿De nuevo un poco vanidoso?”.
La maquina que parece de nuevo reírse de el.
“¿Qué pasa Álvarez?. ¿Se te han subido los humos a la cabeza de nuevo?”.
“¿Tu nombre famoso, tu lindo Penthouse, tus abultados ahorros te gritan lo genial que eres?”.
“¿O es el polvo sangriento en tus zapatos italianos?”.
“¿O el poder de esos artefactos mágicos que atesoras junto a las obras de arte?”.
“¿O es el conocimiento que ahora ilumina tu vida, por el que tan bajo precio pagaste?”.
Tan barato.
“¿Dime Álvarez? ¿Es eso?”.
“¿El hecho de que ha diferencia de los demás, tu disfrutas tu vida?”.
“¿Qué no has pagado el precio?”.
“¿O te das cuenta que no has perdido lo que los demás porque nunca lo tuviste?”.
Que no sufres con la realidad que ahora conoces porque no te ha costado mas que algo de dinero, y que incluso has ganado mucho mas gracias a todo esto.
“¿Qué has perdido Álvarez?”.
“¿Un maldito auto?, Ahora tienes otro Jaguar igual”.
“¿Unas cuantas paredes del Penthouse?”.
“¿El dinero invertido en la fortaleza?”.
“¡¿Qué Álvarez, que?!”.
No has perdido ha nadie que amaras, porque nunca amaste a nadie.
Por eso tampoco has ganado nada.
“¡No!”.
Isaías Álvarez sonríe, el arma de un escritor es su imaginación, mientras mas poderosa mejor. Incluso cuando te imaginas a tu maquina de escribir hablándote de aquello que te niegas ha decirte directamente.
“¡No!”.
“¿Sabes que he ganado montón de teclas?”.
Un propósito una misión. Una misión en su vida, no en mundos imaginarios.
No viviendo a través de sus personajes.
Una misión en el mundo real, su verdadera vida.
Un destino creado, no escrito.
Eso ha ganado.
Y amigos.
Apaga la luz de su estudio y le hecha una ultima mirada a la vieja maquina inmóvil, muda.
Toma el ascensor y atrás queda su fiel criada preocupada como todas las noches.
A sus cuarenta y tantos años Isaías Álvarez deja sus tareas y sale a jugar con sus amigos, a hacer sus travesuras.
A vivir su vida.
Su vida.
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Los Cazadores: Ulises
Ulises.
2002
Ahí esta ella, la Crimoira, fría, dura. Es su naturaleza, así fue forjada, es un instrumento de muerte… ¿O de salvación?.
Solo tiene una patina de salvación.
Ulises Poirot acaricia a su vieja compañera, vieja sí, mas, mucho más que él. ¿Cuántas veces ha tratado de escudriñar sus secretos?, ¿Cuántas veces ha tocado la afilada hoja en busca de respuestas y solo a obtenido imágenes de muerte y destrucción.
¡¿Santificada?!.
Maquillada, convencida a la fuerza para servir ahora a propósitos aparentemente mas justos.
Depende del punto de vista.
Las muertes en aras de la justicia, las imágenes de sus batallas son tan temibles y sangrientas que cuando era blandida por aquellos que siguieron a la oscuridad.
¿Quizás exagera?, exagera dándole atributos humanos, dándole un alma a solo un trozo de metal. Sin embargo, Ulises siente la vida, siente una conciencia en la espada.
¿O tal vez es solo idea suya?, ¿Tal vez producto de su soledad?.
Hoy en día es su única compañera. Y en cierto modo el signo de su vida.
Si le puedes llamar vida.
Ella no está.
Y él siente que el también murió con ella.
Dicen que es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca.
Dile eso ha quien vio a su amor desaparecer solamente para darle un día mas de vida a un monstruo.
¿No es fácil comprender, verdad?.
No es fácil saber lo que se siente el perder la cordura o casi, cuando tu mundo se desmorona a tu alrededor. Cuando no solo pierdes lo que más amas. Cuando no puedes decirte que la vida continua, que hay esperanzas, que mañana será otro día, el sol brillara de nuevo.
No puedes.
No puedes, si sabes que cuando se oculte, los malditos saldrán de nuevo y se llevaran a otros mas, quebraran otras vidas como hicieron contigo, como quizás te lo hagan de nuevo, si cometes el error de tratar de continuar.
No puedes, cuando empiezas a darte cuenta que el mal no es un mito, cuando los monstruos no son cuentos de viejas, existen, te rodean, juegan contigo y con los que amas.
Cuando sabes que el fin esta cerca.
¡Y entonces haces lo único que puedes!.
¡Luchas!
Aunque sea como querer vaciar el mar con las manos.
Es imposible.
Y si lo logras no servirá de nada.
Ella no volverá.
La misma historia de todos. Diferentes rostros, diferentes nombres.
Olivia para él.
Verónica para Morgan.
¿Los demás?, Quien sabe, nunca ha sido un grupo de tertulia.
Después de todo no están reunidos por aquellos nombres.
Lo están por otros.
Las espadas, la sangre, la muerte.
La venganza.
Ahora ella es su única amante, la de todos.
No importa si tiene el rostro de su mujer o simplemente el odio de saber a toda su raza una marioneta, un juguete de fuerzas que tanto le cuesta comprender.
Entender por que.
El odio tiene la ventaja que no te lo pregunta y evita que tu lo hagas.
No importa, son el enemigo.
¡Mira lo que te hicieron!.
¡Deben pagar por ello!.
No puedes tenerla de vuelta, no puedes seguir siendo el pusilánime erudito de antes, no pueden sentarse a conversar de sus viajes al calor de la chimenea, no puedes tratar de convencerla de ser padres a la vuelta de la ultima expedición, no puedes. Pero al menos puedes hacerles lo mismo.
Puedes hacerlos sufrir, tanto como te han hecho a sufrir a ti.
Y contra natura, lo han hecho.
Los han golpeado donde más les duele, han hecho que sean ellos los que sientan el miedo.
Allí está ella, la Crimoira, fría y dura. Manchada por la sangre y polvo de tantos vástagos, ha mordido sus entrañas, ha quemado sus carnes muertas, les ha llevado el dolor que merecen.
Y ha sido su mano la que la ha sostenido.
Y lo seguirá haciendo.
Ulises Poirot toma su espada amorosamente y la guarda en su vaina. Hoy probara un poco mas de oscuridad.
Con paso cancino se dirige a su cita de todas las noches con su amante.
La muerte.
2002
Ahí esta ella, la Crimoira, fría, dura. Es su naturaleza, así fue forjada, es un instrumento de muerte… ¿O de salvación?.
Solo tiene una patina de salvación.
Ulises Poirot acaricia a su vieja compañera, vieja sí, mas, mucho más que él. ¿Cuántas veces ha tratado de escudriñar sus secretos?, ¿Cuántas veces ha tocado la afilada hoja en busca de respuestas y solo a obtenido imágenes de muerte y destrucción.
¡¿Santificada?!.
Maquillada, convencida a la fuerza para servir ahora a propósitos aparentemente mas justos.
Depende del punto de vista.
Las muertes en aras de la justicia, las imágenes de sus batallas son tan temibles y sangrientas que cuando era blandida por aquellos que siguieron a la oscuridad.
¿Quizás exagera?, exagera dándole atributos humanos, dándole un alma a solo un trozo de metal. Sin embargo, Ulises siente la vida, siente una conciencia en la espada.
¿O tal vez es solo idea suya?, ¿Tal vez producto de su soledad?.
Hoy en día es su única compañera. Y en cierto modo el signo de su vida.
Si le puedes llamar vida.
Ella no está.
Y él siente que el también murió con ella.
Dicen que es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca.
Dile eso ha quien vio a su amor desaparecer solamente para darle un día mas de vida a un monstruo.
¿No es fácil comprender, verdad?.
No es fácil saber lo que se siente el perder la cordura o casi, cuando tu mundo se desmorona a tu alrededor. Cuando no solo pierdes lo que más amas. Cuando no puedes decirte que la vida continua, que hay esperanzas, que mañana será otro día, el sol brillara de nuevo.
No puedes.
No puedes, si sabes que cuando se oculte, los malditos saldrán de nuevo y se llevaran a otros mas, quebraran otras vidas como hicieron contigo, como quizás te lo hagan de nuevo, si cometes el error de tratar de continuar.
No puedes, cuando empiezas a darte cuenta que el mal no es un mito, cuando los monstruos no son cuentos de viejas, existen, te rodean, juegan contigo y con los que amas.
Cuando sabes que el fin esta cerca.
¡Y entonces haces lo único que puedes!.
¡Luchas!
Aunque sea como querer vaciar el mar con las manos.
Es imposible.
Y si lo logras no servirá de nada.
Ella no volverá.
La misma historia de todos. Diferentes rostros, diferentes nombres.
Olivia para él.
Verónica para Morgan.
¿Los demás?, Quien sabe, nunca ha sido un grupo de tertulia.
Después de todo no están reunidos por aquellos nombres.
Lo están por otros.
Las espadas, la sangre, la muerte.
La venganza.
Ahora ella es su única amante, la de todos.
No importa si tiene el rostro de su mujer o simplemente el odio de saber a toda su raza una marioneta, un juguete de fuerzas que tanto le cuesta comprender.
Entender por que.
El odio tiene la ventaja que no te lo pregunta y evita que tu lo hagas.
No importa, son el enemigo.
¡Mira lo que te hicieron!.
¡Deben pagar por ello!.
No puedes tenerla de vuelta, no puedes seguir siendo el pusilánime erudito de antes, no pueden sentarse a conversar de sus viajes al calor de la chimenea, no puedes tratar de convencerla de ser padres a la vuelta de la ultima expedición, no puedes. Pero al menos puedes hacerles lo mismo.
Puedes hacerlos sufrir, tanto como te han hecho a sufrir a ti.
Y contra natura, lo han hecho.
Los han golpeado donde más les duele, han hecho que sean ellos los que sientan el miedo.
Allí está ella, la Crimoira, fría y dura. Manchada por la sangre y polvo de tantos vástagos, ha mordido sus entrañas, ha quemado sus carnes muertas, les ha llevado el dolor que merecen.
Y ha sido su mano la que la ha sostenido.
Y lo seguirá haciendo.
Ulises Poirot toma su espada amorosamente y la guarda en su vaina. Hoy probara un poco mas de oscuridad.
Con paso cancino se dirige a su cita de todas las noches con su amante.
La muerte.
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domingo, 5 de abril de 2009
Los Cazadores: Morgan
Los Cazadores.
Morgan.
2002.
Quizás nunca pueda comprender a cabalidad los sucesos que aun hoy marcan su vida, el peso de los hechos y las cosas que vio aun hoy se agolpan en su mente.
Y es que la certeza de lo que pasó sigue siendo incierta y se enmascara en sensaciones mas adecuadas a nuestros universos oníricos que a la realidad del día a día.
Y es que los monstruos existen.
Si, mas allá de nuestra ceguera e ignorancia, mas allá del conformismo enfermizo con nuestra miserable naturaleza, aun hoy se niega a creer muchas de las cosas que vivió y por otro lado aun se pregunta como no se dio cuenta antes.
Como su mente se negó tantos años a la realidad oculta. Hasta que le estalló en la cara con todo el dolor del despertar…
O del nacimiento.
Aun ahora cuando su vida gira entorno a la cruel verdad, por momentos se niega a creer, y sueña.
Sueña que aún es él, aún el amanecer es la esperanza de un nuevo día, en vez de simplemente el término de otra noche de horror en espera de la siguiente.
Sueña que aún sus manos están manchadas solo con la sangre de vida, la que da, la que salva. No la sangre de la muerte, de inocentes y culpables.
Sueña que ellas aún están, junto a él, con sus risas, con el brillo de sus ojos, con la música de sus voces.
Sueña que es Morgan el hombre, simplemente el hombre, no el cazador.
Sueña, sentado al piano como tantas veces, sin mas compañía que sus perros, su brandy, y su dolor.
Sueña como hoy, repitiendo insanamente.
- Verónica, Verónica -.
Sus dedos torturando el piano a cada visión, cada imagen, cada palmo de su rostro, cada curva de su cuerpo.
Dicen que los recuerdos no matan, al menos no inmediatamente, quizás te quitan solo un poco de vida por vez, quizás solo te acercan a la muerte, te ponen a su alcance para que seas tu mismo quien decida lanzarse a sus brazos, engañado por su rostro perfecto, siempre aquel de quien llena tus recuerdos.
Las notas de tristeza y contenido furor se mezclan haciendo gemir el viejo instrumento que una vez mas trata de expresar lo que su dueño hace tanto no puede.
El rostro perfecto, la maravillosa cascada oscura de sus cabellos, la irresistible luz de sus ojos. ¡Dios!… ¡Tan hermosa!.
Como el día que la conoció.
Fuerte, inteligente, valerosa.
-“Estudio medicina” le dijo para impresionarla, como a todas.
-“¿Y a mi qué?”.
Le tomo dos meses recuperarse de la para él tan extraña respuesta.
Había cambiado, ella lo había hecho, por primera vez todas sus estúpidas ambiciones le parecieron vanas, ridículas. Su orgullo; una vergüenza.
Al principio pensó que lo hacia por ella, la caridad, la ayuda a los mas pobres, a los enfermos… enfermos, no clientes. Seres humanos que necesitaban ayuda, personas, no ya meros trozos de carne diferenciados por como podían pagar sus servicios.
La frase “Fonasa o Isapre” fue cambiada por “como puedo ayudarlo”.
Sin peros, sin condiciones.
Sin darse cuenta se vio en las calles, ayudando a los desvalidos, riendo y llorando con las “lacras de la sociedad”, sus nuevos amigos.
Y termino por olvidar aquellos ojos.
Sin embargo ella no lo hizo.
Durante meses lo observo, lo vio cambiar, lo vio crecer.
Y a su pesar ella se vio buscándolo.
Sus manos se pasean, mecánicamente sobre el teclado, su mente perdida en el pasado.
¡Dios, tan hermosa!
Como el día que la volvió a ver.
Y los que le siguieron.
Rodeada de huérfanos, alimentando a los mendigos, curando a quienes nadie lo haría.
¿Él había entrado en su mundo o simplemente ella siempre había estado en el suyo? Aquel que su ambición había tratado de ocultarle.
¡Cómo la amó!.
Con cada fibra de su ser, con cada impulso de su mente.
Y ella a él.
La melancólica melodía se eleva, el piano casi fuera de control, los perros que sienten el dolor de su amo y en respetuoso silencio le contemplan.
¡Dios tan hermosa!
Como el día de su locura.
La pequeña boda, incluso con todos en contra, sin terminar la universidad aún.
Tantos planes, tantas esperanzas.
La pequeña casita que ella misma había diseñado, la piadosa clínica que aliviaría los padecimientos de tantos.
Joyas de un futuro que nunca llegó.
Los dedos revolotean entre las teclas, los acordes se multiplican en lastimero llanto.
¡Dios tan hermosa!
Como su madre.
Una nueva estrella alumbrando su vida.
La pequeña criatura lanzando su llanto al mundo y al padre orgulloso que la sostiene en sus manos.
La niña curiosa que revolotea entre los invitados a la graduación.
Las uñas se crispan en cada nota.
Ya no existe la linda casita. Podía sentir su presencia, su talento, en cada pared, cada ángulo.
Podía sentir la risa de su hija en cada cuarto.
No había risas ahora, no en el refugio que trataba de llamar hogar, habían sido cambiadas por el ronroneo de los motores de los vehículos blindados, por el tableteo de sus armas automáticas. No había elegantes columnas ni perfectos ángulos, solo paredes reforzadas y cámaras de seguridad.
¡Dios tan hermosas!
Incluso cuando sus vidas se escapaban entre sus manos, su sangre entre sus dedos, manchando el albo pañuelo.
Cuanto había llorado, sus lágrimas tratando de ocultarle la sombra parada mas allá, sus gritos tratando de callar las risas de él.
Del asesino.
Del Tzimitse.
Del vampiro.
El primero de tantos.
¿Cuánto había reído el maldito?, ¿Cuánto antes de ver como se lanzaba sobre él?… ¿Cuánto antes de sentir la madera roñosa penetrando su corazón he inmovilizándolo?,… ¡¿Cuánto antes de ver como el insalubre disco de latón se encajaba en su cuello?!… ¿Cuánto antes de ver como la muerte, la verdadera muerte, caía sobre él, en las manos de la desvalida presa que en su furia demente había dado con el modo de terminar con sus siglos de maldad?.
La risa del vástago se acabó en ese montón de polvo, y también la de Morgan Strauss.
Cerró el piano con furia y trató de ahogar su dolor en el exquisito brandy que ahora le sabia a hiel.
Nada, ni los incontables cadáveres, ni los oscuros complots arruinados, ni el temor en quienes creían ser hermanos con la sangre y la muerte, podían devolvérselas.
Para él hacia tiempo que nada tenia sentido.
Hasta que tomaba sus armas, hasta que encendía el Mustang.
Hasta que se encontraba cara a cara con los colmillos y las garras, tentáculos, cuernos o parecidos.
Hasta que el odio hacia que se sintiera vivo otra vez
Los perros lo siguieron mientras bajaba las escaleras, “Van Helsing” el mas viejo de los tres se despidió de él con el mismo gruñido de todas las noches, mientras abría el Mustang.
El sonido de las armas listas, el rugido del motor del Cobra, la letanía de los conjuros, los gritos de muerte de los vástagos. La única música en su vida.
Los demás ya esperaban.
Morgan Strauss, el cazador, anudo el rojizo pañuelo en sus sienes y se lanzó a toda velocidad por las calles.
Como todas las noches.
Morgan.
2002.
Quizás nunca pueda comprender a cabalidad los sucesos que aun hoy marcan su vida, el peso de los hechos y las cosas que vio aun hoy se agolpan en su mente.
Y es que la certeza de lo que pasó sigue siendo incierta y se enmascara en sensaciones mas adecuadas a nuestros universos oníricos que a la realidad del día a día.
Y es que los monstruos existen.
Si, mas allá de nuestra ceguera e ignorancia, mas allá del conformismo enfermizo con nuestra miserable naturaleza, aun hoy se niega a creer muchas de las cosas que vivió y por otro lado aun se pregunta como no se dio cuenta antes.
Como su mente se negó tantos años a la realidad oculta. Hasta que le estalló en la cara con todo el dolor del despertar…
O del nacimiento.
Aun ahora cuando su vida gira entorno a la cruel verdad, por momentos se niega a creer, y sueña.
Sueña que aún es él, aún el amanecer es la esperanza de un nuevo día, en vez de simplemente el término de otra noche de horror en espera de la siguiente.
Sueña que aún sus manos están manchadas solo con la sangre de vida, la que da, la que salva. No la sangre de la muerte, de inocentes y culpables.
Sueña que ellas aún están, junto a él, con sus risas, con el brillo de sus ojos, con la música de sus voces.
Sueña que es Morgan el hombre, simplemente el hombre, no el cazador.
Sueña, sentado al piano como tantas veces, sin mas compañía que sus perros, su brandy, y su dolor.
Sueña como hoy, repitiendo insanamente.
- Verónica, Verónica -.
Sus dedos torturando el piano a cada visión, cada imagen, cada palmo de su rostro, cada curva de su cuerpo.
Dicen que los recuerdos no matan, al menos no inmediatamente, quizás te quitan solo un poco de vida por vez, quizás solo te acercan a la muerte, te ponen a su alcance para que seas tu mismo quien decida lanzarse a sus brazos, engañado por su rostro perfecto, siempre aquel de quien llena tus recuerdos.
Las notas de tristeza y contenido furor se mezclan haciendo gemir el viejo instrumento que una vez mas trata de expresar lo que su dueño hace tanto no puede.
El rostro perfecto, la maravillosa cascada oscura de sus cabellos, la irresistible luz de sus ojos. ¡Dios!… ¡Tan hermosa!.
Como el día que la conoció.
Fuerte, inteligente, valerosa.
-“Estudio medicina” le dijo para impresionarla, como a todas.
-“¿Y a mi qué?”.
Le tomo dos meses recuperarse de la para él tan extraña respuesta.
Había cambiado, ella lo había hecho, por primera vez todas sus estúpidas ambiciones le parecieron vanas, ridículas. Su orgullo; una vergüenza.
Al principio pensó que lo hacia por ella, la caridad, la ayuda a los mas pobres, a los enfermos… enfermos, no clientes. Seres humanos que necesitaban ayuda, personas, no ya meros trozos de carne diferenciados por como podían pagar sus servicios.
La frase “Fonasa o Isapre” fue cambiada por “como puedo ayudarlo”.
Sin peros, sin condiciones.
Sin darse cuenta se vio en las calles, ayudando a los desvalidos, riendo y llorando con las “lacras de la sociedad”, sus nuevos amigos.
Y termino por olvidar aquellos ojos.
Sin embargo ella no lo hizo.
Durante meses lo observo, lo vio cambiar, lo vio crecer.
Y a su pesar ella se vio buscándolo.
Sus manos se pasean, mecánicamente sobre el teclado, su mente perdida en el pasado.
¡Dios, tan hermosa!
Como el día que la volvió a ver.
Y los que le siguieron.
Rodeada de huérfanos, alimentando a los mendigos, curando a quienes nadie lo haría.
¿Él había entrado en su mundo o simplemente ella siempre había estado en el suyo? Aquel que su ambición había tratado de ocultarle.
¡Cómo la amó!.
Con cada fibra de su ser, con cada impulso de su mente.
Y ella a él.
La melancólica melodía se eleva, el piano casi fuera de control, los perros que sienten el dolor de su amo y en respetuoso silencio le contemplan.
¡Dios tan hermosa!
Como el día de su locura.
La pequeña boda, incluso con todos en contra, sin terminar la universidad aún.
Tantos planes, tantas esperanzas.
La pequeña casita que ella misma había diseñado, la piadosa clínica que aliviaría los padecimientos de tantos.
Joyas de un futuro que nunca llegó.
Los dedos revolotean entre las teclas, los acordes se multiplican en lastimero llanto.
¡Dios tan hermosa!
Como su madre.
Una nueva estrella alumbrando su vida.
La pequeña criatura lanzando su llanto al mundo y al padre orgulloso que la sostiene en sus manos.
La niña curiosa que revolotea entre los invitados a la graduación.
Las uñas se crispan en cada nota.
Ya no existe la linda casita. Podía sentir su presencia, su talento, en cada pared, cada ángulo.
Podía sentir la risa de su hija en cada cuarto.
No había risas ahora, no en el refugio que trataba de llamar hogar, habían sido cambiadas por el ronroneo de los motores de los vehículos blindados, por el tableteo de sus armas automáticas. No había elegantes columnas ni perfectos ángulos, solo paredes reforzadas y cámaras de seguridad.
¡Dios tan hermosas!
Incluso cuando sus vidas se escapaban entre sus manos, su sangre entre sus dedos, manchando el albo pañuelo.
Cuanto había llorado, sus lágrimas tratando de ocultarle la sombra parada mas allá, sus gritos tratando de callar las risas de él.
Del asesino.
Del Tzimitse.
Del vampiro.
El primero de tantos.
¿Cuánto había reído el maldito?, ¿Cuánto antes de ver como se lanzaba sobre él?… ¿Cuánto antes de sentir la madera roñosa penetrando su corazón he inmovilizándolo?,… ¡¿Cuánto antes de ver como el insalubre disco de latón se encajaba en su cuello?!… ¿Cuánto antes de ver como la muerte, la verdadera muerte, caía sobre él, en las manos de la desvalida presa que en su furia demente había dado con el modo de terminar con sus siglos de maldad?.
La risa del vástago se acabó en ese montón de polvo, y también la de Morgan Strauss.
Cerró el piano con furia y trató de ahogar su dolor en el exquisito brandy que ahora le sabia a hiel.
Nada, ni los incontables cadáveres, ni los oscuros complots arruinados, ni el temor en quienes creían ser hermanos con la sangre y la muerte, podían devolvérselas.
Para él hacia tiempo que nada tenia sentido.
Hasta que tomaba sus armas, hasta que encendía el Mustang.
Hasta que se encontraba cara a cara con los colmillos y las garras, tentáculos, cuernos o parecidos.
Hasta que el odio hacia que se sintiera vivo otra vez
Los perros lo siguieron mientras bajaba las escaleras, “Van Helsing” el mas viejo de los tres se despidió de él con el mismo gruñido de todas las noches, mientras abría el Mustang.
El sonido de las armas listas, el rugido del motor del Cobra, la letanía de los conjuros, los gritos de muerte de los vástagos. La única música en su vida.
Los demás ya esperaban.
Morgan Strauss, el cazador, anudo el rojizo pañuelo en sus sienes y se lanzó a toda velocidad por las calles.
Como todas las noches.
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Prologo.
Las sombras envuelven el gigantesco salón, al medio de la gran pista de danza, dos filas perfectamente ordenadas de bailarines, llevan el paso en barrocas rutinas, las parejas dan vueltas, cruzándose sin tocarse, una y otra vez.
La crema y nata de los vástagos observa extasiada. Los príncipes, Primogénitos y Antiguos se mezclan indistintamente con los de tempranas generaciones en democrático jubilo.
Noche de sangre, noche de fiesta.
Noche de conclave.
Ulises Poirot terminó de afilar la enorme espada y la guardó ceremoniosamente en su vaina, metódicamente preparo también el resto de sus armas. Tenia el tiempo justo para llegar al sitio de reunión, sin embargo no tenía apuro… ellos seguirían allí cuando llegaran.
1,2, 3,… 1,2,3… los fabulosos vestidos al viento, los perfectos trajes girando, la elegancia en el aire, una elegancia de cientos de años de gusto, de cientos de años de decadencia.
Blitz Wolt se caló mas abajo el sombrero y estrechó contra si el frío metal de la escopeta, maldiciendo si tenia que volver a limpiarla por culpa de la lluvia. Encendiendo un cigarro, sonrió frente al panorama que le esperaba, mientras escudriñaba la calle vacía en busca de la silueta oscura de la camioneta.
1,2,3, las hermosas mujeres sonriendo con los agudos colmillos insolentemente al aire a los gentiles caballeros de serio semblante ante los pasos largamente ensayados. Los poderosos discutiendo de antiguas batallas y futuras glorias, los menores, de sangrientas y recientes cacerías.
Morgan Strauss se despidió de sus perros y de su auto, como siempre. De su bolsillo saco el descolorido pañuelo carmesí y se lo anudo a su frente, como siempre. Una vez mas revisó el estado de sus armas, la Mágnum en su costado, las Glock en su cintura, la Katana en su cadera, hasta los dos bolsos en la parte de atrás de la camioneta. Todo en orden, todo frio.
Como siempre.
1,2,3…1,2,3. El carmín brebaje corriendo por las fuentes en santa abundancia, como en los viejos tiempos, ante los murmullos aprobatorios de los comensales y los gritos de aquellos desde donde brotaba.
Isaías Álvarez apagó su computador con un bufido de conformidad, seria su mejor libro, siempre decía lo mismo y según algunos tenia razón, su ultima obra era normalmente la mejor, aunque se suponía que hacia años que había pulido su estilo. Algo aburrido tomó sus armas y bajó hasta el lobby, sin despedirse siquiera de su ama de llaves, recito uno de sus pasajes favoritos y se mentalizo en el personaje que habia escogido para la ocasión, solo dos segundos antes de que la Mitsubishi negra de Morgan se detuviera a su lado.
La oscura silueta de la camioneta surcó las desiertas calles una vez mas, con su carga de rostros decididos y manos crispadas en los gatillos, una carga de muerte, de venganza, de justicia.
Ninguno mencionó nada en todo el viaje, en silencio prepararon sus armas y las de los omnipresentes bolsos, recordando quizás aquellos compañeros perdidos, o las razones de tanta lucha.
El rostro de Blitz en los ajados carteles de se busca, las cicatrices en el rostro de Ulises, la sangre de Verónica en el pañuelo de Strauss, hasta las letras escritas con sangre en los libros de Isaías.
¿Acaso alguien tendría el derecho de juzgar sus razones?
Los demonios en Nueva York, los nazis en el futuro, el viejo pueblito en el oeste americano, la bruja madre Abigail, o el maestro Leiji Tanaka, la reina Dragón, Egipto, Democritus el Justicar, las barriadas pobres de Arica o las catacumbas de Sammy el nosferatu. La puerta a las dimensiones con su ciudad perdida, o la del purgatorio con sus fantasmas, el “tipo de las zapatillas”, Drácula, Madeleine Giovanni y Lameth, la fortaleza frente al mar, la espada de Ulises, el mustang de Morgan, la colina de la emboscada en los cerros de Viña del mar y el pozo en las cavernas incas, la batalla campal contra el Matusalén y las escaramuzas de patrulla.
Tantos recuerdos, tantas aventuras.
La orquesta de fondo, el piano gimiendo en melancólico solo, tocando el polvoriento corazón de todos, hasta de los Nosferatu, con sus apesadumbrados sones de pasadas glorias, de añejas batallas, de extintos amores.
La camioneta se detiene frente a la puerta, con insolentes chirridos, que falta de educación, que falta de clase. ¿“Brujahs” quizás?. Los ghouls de la puerta no alcanzan a hacer mas preguntas, unos a otros se ahorcan sin emitir ni un grito, ante una sonrisa de Blitz.
Los Ventrue brindan recordando antiguas tradiciones, los Toreador continúan su danza a los acordes del piano, hasta los Tremere se dan un momento de respiro de sus mágicas preocupaciones para disfrutar de la sangre fresca.
Uno de los Brujahs se desploma carbonizado en medio del pasillo, el otro trata de manotear su arma antes de sentir el frío acero entre sus costillas.
Todos sonríen, con sus colmillos audazmente afuera, celebran al nuevo príncipe. Un día de regocijo, de tregua entre los clanes, de calma… de conclave.
De ruidoso brindis de conclave.
Los Assamitas de la puerta dan mayor pelea. Tres segundos de pelea. Sus gritos son ahogados por los cánticos y chocar de vasos al abrirse las puertas.
Los cazadores no se asquean de la escena, no es la primera vez.
Brindis por la inmortalidad, por la mascarada, por Caín. Todos por Caín.
Todos, hasta los hermanos recién llegados.
Esos con las espadas.
Esos sin colmillos.
Esos que nos disparan.
Ya no hay danzas, mas que con la muerte, la verdadera, la temida… esa en secreto largamente esperada. Ya no hay mas brindis, solo dolor, y rabia… y temor.
Una a una las armas vacías caen a los pies de los recién llegados y son reemplazadas por otras.
Uno a uno caen, sin distinción de clan, sin distinción de generación, Sires y vástagos, Brujahs y Ventrues.
El príncipe, un arrogante Toreador, es de los primeros, uno de los cazadores, ese de la escopeta, le vuela la cabeza sin miramientos, como a uno cualquiera, sin dedicarle ni una sola mirada a su cuerpo echo polvo.
El de la espada, el gigante de las cicatrices, los corta sin piedad, a su alrededor vuelan los miembros amputados y las cenizas de los caídos.
Mas allá, una sombra, como siniestro espectro de venganza, decapita a los Sires Ventrue, mientras sus chiquillos vuelan por los aires y se estrellan contra los muros cuales marionetas con sus hilos arrancados.
Los Brujahs y Tremeres estallan en llamas aun antes de recibir los disparos.
El mas viejo del grupo, uno de traje, se da el lujo de tomarse su tiempo con una bocanada de su habano antes de volarles las cabezas. A su lado uno bajito barre con los que se encuentran a los lados del salón. La ametralladora ya debe quemarle las manos, sin embargo no se inmuta y sigue destrozando sus cuerpos.
Ese del sombrero, con la escopeta aun humeando, camina al medio del salón, a su paso los orgullosos Toreador se ven sus propias entrañas antes de morir.
Los Malkavian se ven más dementes si es posible, corren en un circulo cuyo centro es un delgado joven que solo abre los ojos para cortar la cabeza del mas próximo.
Lion de Taardi, el Tzimitse sonríe al fijar sus poderes sobre el joven, en su mente ya disfruta el dolor que le hará sufrir. Tanto lo disfruta que no ve a los tres Malkavian que se separan del circulo y lo descuartizan antes de matarse entre ellos.
Ahmed Al Assan el traidor sire Assamita se desvanece en sombra y fugaz movimiento, en medio del salón, los dos fantasmas se enfrentan en supersónica batalla, hasta que una de las sombras emerge… de entre las cenizas de la otra. El cazador sonríe un momento ante la justicia que sera celebrada en el Alamut y luego otra cabeza cae mas allá.
La gigantesca espada cae sobre Tairos atravesando su pecho y subiendo, partiéndolo en dos hasta que el polvo del que fuera el respetado mentor Nosferatu se dispersa en la batalla.
Nada puede detenerlos, ni los más poderosos Sires, ni los mas dementes ghouls, no hay fuerza demoníaca capaz de hacerles frente, son la furia de la justicia, la vendetta de la humanidad.
Entre el polvo y las cenizas los vengadores avanzan sin resistencia, los últimos vampiros caen, ya entregados a su suerte. Las ultimas victimas del ganado, yaciendo aún con vida colgados sobre las fuentes, reciben una bala misericordiosa.
Siete sombras abandonan el salón ahora desierto, en cuyo centro la muerte, cansada de tanto trabajo, se sienta un momento, sonriente en medio de su cosecha.
La crema y nata de los vástagos observa extasiada. Los príncipes, Primogénitos y Antiguos se mezclan indistintamente con los de tempranas generaciones en democrático jubilo.
Noche de sangre, noche de fiesta.
Noche de conclave.
Ulises Poirot terminó de afilar la enorme espada y la guardó ceremoniosamente en su vaina, metódicamente preparo también el resto de sus armas. Tenia el tiempo justo para llegar al sitio de reunión, sin embargo no tenía apuro… ellos seguirían allí cuando llegaran.
1,2, 3,… 1,2,3… los fabulosos vestidos al viento, los perfectos trajes girando, la elegancia en el aire, una elegancia de cientos de años de gusto, de cientos de años de decadencia.
Blitz Wolt se caló mas abajo el sombrero y estrechó contra si el frío metal de la escopeta, maldiciendo si tenia que volver a limpiarla por culpa de la lluvia. Encendiendo un cigarro, sonrió frente al panorama que le esperaba, mientras escudriñaba la calle vacía en busca de la silueta oscura de la camioneta.
1,2,3, las hermosas mujeres sonriendo con los agudos colmillos insolentemente al aire a los gentiles caballeros de serio semblante ante los pasos largamente ensayados. Los poderosos discutiendo de antiguas batallas y futuras glorias, los menores, de sangrientas y recientes cacerías.
Morgan Strauss se despidió de sus perros y de su auto, como siempre. De su bolsillo saco el descolorido pañuelo carmesí y se lo anudo a su frente, como siempre. Una vez mas revisó el estado de sus armas, la Mágnum en su costado, las Glock en su cintura, la Katana en su cadera, hasta los dos bolsos en la parte de atrás de la camioneta. Todo en orden, todo frio.
Como siempre.
1,2,3…1,2,3. El carmín brebaje corriendo por las fuentes en santa abundancia, como en los viejos tiempos, ante los murmullos aprobatorios de los comensales y los gritos de aquellos desde donde brotaba.
Isaías Álvarez apagó su computador con un bufido de conformidad, seria su mejor libro, siempre decía lo mismo y según algunos tenia razón, su ultima obra era normalmente la mejor, aunque se suponía que hacia años que había pulido su estilo. Algo aburrido tomó sus armas y bajó hasta el lobby, sin despedirse siquiera de su ama de llaves, recito uno de sus pasajes favoritos y se mentalizo en el personaje que habia escogido para la ocasión, solo dos segundos antes de que la Mitsubishi negra de Morgan se detuviera a su lado.
La oscura silueta de la camioneta surcó las desiertas calles una vez mas, con su carga de rostros decididos y manos crispadas en los gatillos, una carga de muerte, de venganza, de justicia.
Ninguno mencionó nada en todo el viaje, en silencio prepararon sus armas y las de los omnipresentes bolsos, recordando quizás aquellos compañeros perdidos, o las razones de tanta lucha.
El rostro de Blitz en los ajados carteles de se busca, las cicatrices en el rostro de Ulises, la sangre de Verónica en el pañuelo de Strauss, hasta las letras escritas con sangre en los libros de Isaías.
¿Acaso alguien tendría el derecho de juzgar sus razones?
Los demonios en Nueva York, los nazis en el futuro, el viejo pueblito en el oeste americano, la bruja madre Abigail, o el maestro Leiji Tanaka, la reina Dragón, Egipto, Democritus el Justicar, las barriadas pobres de Arica o las catacumbas de Sammy el nosferatu. La puerta a las dimensiones con su ciudad perdida, o la del purgatorio con sus fantasmas, el “tipo de las zapatillas”, Drácula, Madeleine Giovanni y Lameth, la fortaleza frente al mar, la espada de Ulises, el mustang de Morgan, la colina de la emboscada en los cerros de Viña del mar y el pozo en las cavernas incas, la batalla campal contra el Matusalén y las escaramuzas de patrulla.
Tantos recuerdos, tantas aventuras.
La orquesta de fondo, el piano gimiendo en melancólico solo, tocando el polvoriento corazón de todos, hasta de los Nosferatu, con sus apesadumbrados sones de pasadas glorias, de añejas batallas, de extintos amores.
La camioneta se detiene frente a la puerta, con insolentes chirridos, que falta de educación, que falta de clase. ¿“Brujahs” quizás?. Los ghouls de la puerta no alcanzan a hacer mas preguntas, unos a otros se ahorcan sin emitir ni un grito, ante una sonrisa de Blitz.
Los Ventrue brindan recordando antiguas tradiciones, los Toreador continúan su danza a los acordes del piano, hasta los Tremere se dan un momento de respiro de sus mágicas preocupaciones para disfrutar de la sangre fresca.
Uno de los Brujahs se desploma carbonizado en medio del pasillo, el otro trata de manotear su arma antes de sentir el frío acero entre sus costillas.
Todos sonríen, con sus colmillos audazmente afuera, celebran al nuevo príncipe. Un día de regocijo, de tregua entre los clanes, de calma… de conclave.
De ruidoso brindis de conclave.
Los Assamitas de la puerta dan mayor pelea. Tres segundos de pelea. Sus gritos son ahogados por los cánticos y chocar de vasos al abrirse las puertas.
Los cazadores no se asquean de la escena, no es la primera vez.
Brindis por la inmortalidad, por la mascarada, por Caín. Todos por Caín.
Todos, hasta los hermanos recién llegados.
Esos con las espadas.
Esos sin colmillos.
Esos que nos disparan.
Ya no hay danzas, mas que con la muerte, la verdadera, la temida… esa en secreto largamente esperada. Ya no hay mas brindis, solo dolor, y rabia… y temor.
Una a una las armas vacías caen a los pies de los recién llegados y son reemplazadas por otras.
Uno a uno caen, sin distinción de clan, sin distinción de generación, Sires y vástagos, Brujahs y Ventrues.
El príncipe, un arrogante Toreador, es de los primeros, uno de los cazadores, ese de la escopeta, le vuela la cabeza sin miramientos, como a uno cualquiera, sin dedicarle ni una sola mirada a su cuerpo echo polvo.
El de la espada, el gigante de las cicatrices, los corta sin piedad, a su alrededor vuelan los miembros amputados y las cenizas de los caídos.
Mas allá, una sombra, como siniestro espectro de venganza, decapita a los Sires Ventrue, mientras sus chiquillos vuelan por los aires y se estrellan contra los muros cuales marionetas con sus hilos arrancados.
Los Brujahs y Tremeres estallan en llamas aun antes de recibir los disparos.
El mas viejo del grupo, uno de traje, se da el lujo de tomarse su tiempo con una bocanada de su habano antes de volarles las cabezas. A su lado uno bajito barre con los que se encuentran a los lados del salón. La ametralladora ya debe quemarle las manos, sin embargo no se inmuta y sigue destrozando sus cuerpos.
Ese del sombrero, con la escopeta aun humeando, camina al medio del salón, a su paso los orgullosos Toreador se ven sus propias entrañas antes de morir.
Los Malkavian se ven más dementes si es posible, corren en un circulo cuyo centro es un delgado joven que solo abre los ojos para cortar la cabeza del mas próximo.
Lion de Taardi, el Tzimitse sonríe al fijar sus poderes sobre el joven, en su mente ya disfruta el dolor que le hará sufrir. Tanto lo disfruta que no ve a los tres Malkavian que se separan del circulo y lo descuartizan antes de matarse entre ellos.
Ahmed Al Assan el traidor sire Assamita se desvanece en sombra y fugaz movimiento, en medio del salón, los dos fantasmas se enfrentan en supersónica batalla, hasta que una de las sombras emerge… de entre las cenizas de la otra. El cazador sonríe un momento ante la justicia que sera celebrada en el Alamut y luego otra cabeza cae mas allá.
La gigantesca espada cae sobre Tairos atravesando su pecho y subiendo, partiéndolo en dos hasta que el polvo del que fuera el respetado mentor Nosferatu se dispersa en la batalla.
Nada puede detenerlos, ni los más poderosos Sires, ni los mas dementes ghouls, no hay fuerza demoníaca capaz de hacerles frente, son la furia de la justicia, la vendetta de la humanidad.
Entre el polvo y las cenizas los vengadores avanzan sin resistencia, los últimos vampiros caen, ya entregados a su suerte. Las ultimas victimas del ganado, yaciendo aún con vida colgados sobre las fuentes, reciben una bala misericordiosa.
Siete sombras abandonan el salón ahora desierto, en cuyo centro la muerte, cansada de tanto trabajo, se sienta un momento, sonriente en medio de su cosecha.
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Memorias.
Las presentes historias no son por si solas la creación personal de un solo autor, como tampoco son solo el relato de las aventuras corridas por cierto grupo de jugadores, dentro del vasto Mundo de Tinieblas. Son mas bien la expresión de un mundo alterno, el que por mas de siete años, desde principios de 1996 a principios del 2003, fue parte constituyente en nuestras vidas.
No pretendo tampoco el relatar la multitud de aventuras que como Cazadores de Brujas enfrentamos, gustosos los jugadores, quizás de mala gana los personajes. Solo algunas de ellas poblaran estas paginas, otras tal vez lo hagan en otras oportunidades, incluso de la pluma de otros cazadores.
Muchos son los eventos que ocurrieron desde aquella noche de verano en que tres jugadores novatos nos sentamos a dar nuestros primeros pasos en el mundo del Rol, de la mano, mas aun, de un juego prácticamente inventado por nuestro master, sin mas material que lo rebuscado entre paginas del manual de “Vampiro la mascarada” 1º ed. En los tiempos en que “Cazadores cazados” no se vislumbraba en nuestro horizonte y el malogrado “Hunter: the Reckoning” ni siquiera se nos pasaba por la mente.
Debo reconocer que hasta esa noche mis conocimientos sobre los Vástagos eran mas que mínimos, para que hablar de Mundo de Tinieblas. A decir verdad a todos les pasaba lo mismo… como a nuestros personajes.
Tantas aventuras, tantos enemigos y tantos aliados, con el paso del tiempo algunos fueron quedando atrás, pero los que sobrevivieron fueron creciendo más y más, hasta llegar a ser la leyenda que son.
Al menos en nuestro mundo.
Mucho agua ha corrido bajo el puente, y hoy, después de tantos años, conocemos de este universo bastante más. Menos de lo que nos gustaría a los jugadores, mas de lo que querrían saber los personajes…
Mas de lo que querrían saber. Luego de siete años, por increíble que parezca, dos de los personajes que estuvieron en el primer modulo y en los siguientes, aun están con vida. Uno de ellos el mío.
Otros no tuvieron tanta suerte, sin embargo todos son recordados.
Y Agradecidos.
Manuel “manolo” Escobar, master de masters y creador de un mito.
Ricardo “Sir Richard” Bravo, alias Ulises Poirot, la silenciosa mente pensante del talento.
Roberto “Blitzkrieg” Vega, alias Kurt Hassel y Blitz Volt, la locura personificada.
Alan, alias Marcos Cavieres, la figura paciente de la penuria.
Christian “Dur el as” Durney, alias Isaías Alvarez, la voz de la sabiduría.
Eduardo “Edú” Barrios, alias Javier Veracruz, el desenfreno echo PJ.
Boris “Caballo loco” Panes, alias Ian González, simplemente “Caballo loco”.
Y otros más que alguna vez participaron.
Durante todos estos años, he sido Morgan Strauss y lo seguiré siendo por varios más. Durante un largo tiempo no peleamos juntos, como suele suceder en la vida, el viejo grupo se disolvió, separados por ciudades, parejas, trabajos, en fin, por la vida.
Pero los cazadores seguían vivos, incluso en otras ciudades, yo y otros mastereamos a nuevos grupos, en otras locaciones, Morgan y sus amigos entrenaron a las nuevas generaciones de Vengadores.
Pero, aún varias veces al año, los viejos Cazadores se vuelven a encontrar, un par de veces al año vuelven a sentarse a discutir las estrategias en la misma mesa bajo la escalera de “Hellraiser’s”, a sacar a relucir sus armas, a fumarse un cigarro con Constantine.
Un par de veces al año, el rumor de la reunión circula entre la oscuridad y las criaturas del mal tiemblan.
Otra vez.
Morgan Strauss
Viña del mar, Chile.
Abril 2009.
No pretendo tampoco el relatar la multitud de aventuras que como Cazadores de Brujas enfrentamos, gustosos los jugadores, quizás de mala gana los personajes. Solo algunas de ellas poblaran estas paginas, otras tal vez lo hagan en otras oportunidades, incluso de la pluma de otros cazadores.
Muchos son los eventos que ocurrieron desde aquella noche de verano en que tres jugadores novatos nos sentamos a dar nuestros primeros pasos en el mundo del Rol, de la mano, mas aun, de un juego prácticamente inventado por nuestro master, sin mas material que lo rebuscado entre paginas del manual de “Vampiro la mascarada” 1º ed. En los tiempos en que “Cazadores cazados” no se vislumbraba en nuestro horizonte y el malogrado “Hunter: the Reckoning” ni siquiera se nos pasaba por la mente.
Debo reconocer que hasta esa noche mis conocimientos sobre los Vástagos eran mas que mínimos, para que hablar de Mundo de Tinieblas. A decir verdad a todos les pasaba lo mismo… como a nuestros personajes.
Tantas aventuras, tantos enemigos y tantos aliados, con el paso del tiempo algunos fueron quedando atrás, pero los que sobrevivieron fueron creciendo más y más, hasta llegar a ser la leyenda que son.
Al menos en nuestro mundo.
Mucho agua ha corrido bajo el puente, y hoy, después de tantos años, conocemos de este universo bastante más. Menos de lo que nos gustaría a los jugadores, mas de lo que querrían saber los personajes…
Mas de lo que querrían saber. Luego de siete años, por increíble que parezca, dos de los personajes que estuvieron en el primer modulo y en los siguientes, aun están con vida. Uno de ellos el mío.
Otros no tuvieron tanta suerte, sin embargo todos son recordados.
Y Agradecidos.
Manuel “manolo” Escobar, master de masters y creador de un mito.
Ricardo “Sir Richard” Bravo, alias Ulises Poirot, la silenciosa mente pensante del talento.
Roberto “Blitzkrieg” Vega, alias Kurt Hassel y Blitz Volt, la locura personificada.
Alan, alias Marcos Cavieres, la figura paciente de la penuria.
Christian “Dur el as” Durney, alias Isaías Alvarez, la voz de la sabiduría.
Eduardo “Edú” Barrios, alias Javier Veracruz, el desenfreno echo PJ.
Boris “Caballo loco” Panes, alias Ian González, simplemente “Caballo loco”.
Y otros más que alguna vez participaron.
Durante todos estos años, he sido Morgan Strauss y lo seguiré siendo por varios más. Durante un largo tiempo no peleamos juntos, como suele suceder en la vida, el viejo grupo se disolvió, separados por ciudades, parejas, trabajos, en fin, por la vida.
Pero los cazadores seguían vivos, incluso en otras ciudades, yo y otros mastereamos a nuevos grupos, en otras locaciones, Morgan y sus amigos entrenaron a las nuevas generaciones de Vengadores.
Pero, aún varias veces al año, los viejos Cazadores se vuelven a encontrar, un par de veces al año vuelven a sentarse a discutir las estrategias en la misma mesa bajo la escalera de “Hellraiser’s”, a sacar a relucir sus armas, a fumarse un cigarro con Constantine.
Un par de veces al año, el rumor de la reunión circula entre la oscuridad y las criaturas del mal tiemblan.
Otra vez.
Morgan Strauss
Viña del mar, Chile.
Abril 2009.
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Algunas palabras al comenzar
Cazadores por siempre.
Hace mas de doce años, algunos jóvenes chilenos, estudiantes de secundaria y universitarios comenzamos a entrever un mundo mas allá de nuestras realidades cotidianas, un mundo donde podíamos cambiar nuestras realidades, tomar espadas y pistolas y enfrentarnos a las criaturas que poblaban nuestra pesadillas.
Era el mundo de los juegos de rol, un mundo extraño, casi prohibido, de fantasía e imaginación.
Era justo lo que necesitábamos.
Fue así cuando una noche de verano, tomamos nuestras, en esos tiempos casi incomprensibles “hojas de personaje”, y nos lanzamos a cazar esas extrañas criaturas de aguzados colmillos y desagradables hábitos alimenticios.
En tiempos en que el “Vampiro la Mascarada, 1º edición” era un extraño libro lleno de números y reglas que pensamos nunca poder aprender. En tiempos que “Cazadores cazados” era algo ajeno, al menos en nuestra ciudad. En tiempos en que el malogrado “Hunter, the reckoning”, no era mas que un afiebrado sueño futuro. Nuestro primer GM con solo un par de partidas como Malkavian, se lanzó de cabeza al abismo de masterearnos una variación personal del entonces limitado MdT, a un grupo de tipos, listos a sacar ajos y estacas.
Mucho ha pasado desde entonces, nuestros personajes, dos de los cuales sobrevivieron esa primera escaramuza y todas las demás, han evolucionado enfrentando mil y una criaturas diversas, varias veces al mes durante todos estos años.
este blog ha sido creado para compartir algunas de esas experiencias, las historias detras de aquellas aventuras que durante tantos años vivimos.
Hace mas de doce años, algunos jóvenes chilenos, estudiantes de secundaria y universitarios comenzamos a entrever un mundo mas allá de nuestras realidades cotidianas, un mundo donde podíamos cambiar nuestras realidades, tomar espadas y pistolas y enfrentarnos a las criaturas que poblaban nuestra pesadillas.
Era el mundo de los juegos de rol, un mundo extraño, casi prohibido, de fantasía e imaginación.
Era justo lo que necesitábamos.
Fue así cuando una noche de verano, tomamos nuestras, en esos tiempos casi incomprensibles “hojas de personaje”, y nos lanzamos a cazar esas extrañas criaturas de aguzados colmillos y desagradables hábitos alimenticios.
En tiempos en que el “Vampiro la Mascarada, 1º edición” era un extraño libro lleno de números y reglas que pensamos nunca poder aprender. En tiempos que “Cazadores cazados” era algo ajeno, al menos en nuestra ciudad. En tiempos en que el malogrado “Hunter, the reckoning”, no era mas que un afiebrado sueño futuro. Nuestro primer GM con solo un par de partidas como Malkavian, se lanzó de cabeza al abismo de masterearnos una variación personal del entonces limitado MdT, a un grupo de tipos, listos a sacar ajos y estacas.
Mucho ha pasado desde entonces, nuestros personajes, dos de los cuales sobrevivieron esa primera escaramuza y todas las demás, han evolucionado enfrentando mil y una criaturas diversas, varias veces al mes durante todos estos años.
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