lunes, 6 de abril de 2009

Los Cazadores: Blitz

Blitz.
2002



Los ojos desorbitados, la respiración entrecortada.
Se lleva las manos a la cabeza buscando el impacto que como todos los días le vuela la tapa de los sesos.
Y como siempre no está.

Blitz Volt despierta frío y pegajoso, se volvió a quedar dormido en el berguere barato del salón y como siempre este ayuda a su miseria con la desagradable sensación del sudor frío contra el cuero.
Se levanta malhumorado, una revisión a las cámaras, sin novedad, la computadora de la fortaleza no registra alarmas, el termómetro en 23 grados.

“Mucho calor, eso me esta haciendo sudar”. Se dice tratando de alejar sus fantasmas.
“El” fantasma, el mismo.
Se concentra un momento, siente la energía mágica fluyendo del artefacto, todo parece normal.
Unos cuantos grados menos, una cerveza bien helada.

“¡Que bien se siente estar vivo!.”
“¡Demonios Blitz, se siente igual que siempre!”.

La vida aún apesta.
La niñita todavía crece sin padre y quizás su único recuerdo viene de los malditos letreros de “se busca”, poniéndose amarillos en las paredes de los cuarteles de policía.
Algo te sirvió el hacerte el gracioso y hacer morisquetas cada vez que te trataban de fotografiar, aún no encuentran una imagen reciente tuya y han tenido que conformarse con el retrato hablado de tercera donde no sabes si eres tu o una foto de “Popeye el marino”.

Pero aún te recuerdan sabes, por mas sobreseído que este tu caso, por mas que hayas tratado de cubrir tus huellas, por mas que hayas engañado incluso a tus amigos. Tus viejos compañeros de la policía civil aún tienen tu rostro grabado en sus mentes junto a las imágenes de los funerales de todos los que mataste.
¿Y para que hablar de los uniformados?, Si son ellos los que te encuentran será peor, te van a desollar vivo, te matarán.

De nuevo.
Y no será tan rápido he indoloro como la ultima vez.
La vida aún apesta.

“Mierda”.

Ahí sigues, siempre con tu omnipresente ley de Murphy guiando tus acciones, la fortaleza, kilómetros de cables, millones de dólares en computadoras, armas y defensas Hi-Tech, y el maldito hervidor eléctrico coreano no funciona y te quemas los dedos con la porquería de tetera de dos dólares.
Aún te levantas al anochecer y te sientas como Pachá a ver las noticias, sorber café rancio y limpiar la mentada escopeta.
Aún te ríes como imbécil al prender el habano robado a Isaías, con llamas salidas de tus dedos.
Si hubieras sabido que todo seguiría igual, antes de morir te habrías incinerado tu mismo.
Quizás así no seguirías preguntándote estupideces, dejarías de estar metido hasta el cuello en mierda que no entiendes, sintiéndote dentro de una mala película.
Preguntándote si eres el héroe y sobrevivirás a todo, o eres solo un extra y estiraras la pata a mitad de acto.
Ya una vez te viste como simples letras en los créditos.
Ya una vez te viste con los sesos desparramados y comiendo tierra y gusanos, oliendo tu propio hedor a putrefacción, ¿No?.
Al menos una vez.

Y sin embargo, aquí estas. Sin saber porque, especialmente cuando se lo debes a quien menos te conviene deberle.
Espera a que los demás se enteren.

Aún la vida apesta.
Aún te levantas del sillón, hastiado de ver al mismo imbécil informar las mismas idioteces en el mismo estúpido canal. Aún caminas hacia el auto con la escopeta bajo el brazo, preguntándote si eres solo otra pieza del ajedrez y no sabes si tu te mueves o hay alguien manejando los hilos y haciendo enroque contigo solo para cagarte la existencia.
Aún te juntas con tus amigos y sales a volarle la cabeza a leyendas a ver si alguien te lo explica.

Blitz Volt se acomoda en el asiento del conductor, con la sensación del acero frío de la escopeta en las costillas.
Y se ríe al encender el cigarro con llamas saliendo de sus dedos.

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